transparencia

Para lo único que sirve su dizque transparencia

Jorge Farid Gabino González
Escritor, articulista, profesor de Lengua y Literatura

Escrito por Jorge Farid Gabino González

De todas las cosas por las que, andando el tiempo, se habrá de recordar el nefasto gobierno del impresentable de Pedro Castillo, será, a no dudarlo, la de la desacertada designación de ministros que ha venido realizando desde el inicio de su gestión, una de las que más años perdurará en la memoria de los peruanos; aun cuando somos, como se sabe, más bien dados al pronto olvido, a la inexplicable propensión, muy característica de nosotros, a padecer de esa siempre oportuna amnesia que todo lo anula, que todo lo suprime, que todo lo borra. Y lo será no solo por el enorme daño que tanto a la corta como a la larga le habrá causado al Perú el colocar en tan importantes cargos a sujetos tanto o más impresentables que él mismo. También, y no es peccata minuta, por el evidente, injusto y solo Dios sabe hasta qué punto irreversible deterioro de la figura del cargo de ministro, a que ha contribuido como nadie el deleznable sujeto de que se trata.

Pero no seamos ingenuos, que a estas alturas no podríamos seguir creyendo, como cándidamente creíamos al principio, que, si al presidente le daba por colocar en las diferentes carteras de que se compone el Gabinete a individuos decididamente incapaces de poder llevar adelante una gestión eficiente, era por su ya conocida ineptitud para darse cuenta de que para conducir un ministerio, más aún si se trataba de carteras de enormes presupuestos, como las de Salud o de Transportes y Comunicaciones, no bastaba con que los elegidos fuesen militantes o simpatizantes del partido que lo llevó al poder, Perú Libre, o perteneciesen al círculo de amigos cercanos a los intereses económicos de su familia, sino que era imprescindible que contaran con las más altas credenciales académicas y de trayectoria que garantizaran, por lo menos en la medida de lo posible, el que no se cometieran las tropelías y el pillaje que lamentablemente se acabaron cometiendo.

Y no lo podemos seguir creyendo porque en estos quince meses que lleva de gobierno, el señor Pedro Castillo nos ha brindado demasiados elementos de convicción para tener cuando menos la sospecha de que si obraba de esa manera, esto es, de que si no tenía ningún reparo en designar como ministros a personajes a todas luces incapacitados para ejercer con fortuna la importantísima función que se les estaba confiando, era por la simple y sencilla razón de que cumplían con el requisito principal que se requería para su nombramiento: que fuesen incondicionales “defensores” y “colaboradores” de las “políticas de gobierno” que su gestión tenía claro que debía implementar.

La mayor prueba (no la única, desde luego) de que esto era así la tenemos en el ministerio de Transportes y Comunicaciones. Cartera ya tristemente célebre por cuanto se habría gestado allí, según se desprende de las investigaciones realizadas por el Ministerio Público, toda una organización criminal destinada a saquear las arcas del Estado, mediante el direccionamiento de licitaciones. Lo que explicaría, entre otras cosas, el que se mantuviese en el cargo de ministro al prófugo Juan Silva, el mismo que, según la Fiscalía, habría actuado en estrecha coordinación con el señor Castillo, quien a su vez sería el cabecilla de la presunta organización criminal.

Con antecedentes como el señalado, y como tantos otros más que hemos podido conocer a lo largo de los meses, causa extrañeza el ver ahora al presidente Castillo “actuar” de manera casi inmediata al retirar del cargo al ministro de Salud, Jorge López, como consecuencia de una denuncia periodística realizada por el dominical Punto Final. La misma que alertó de que seis trabajadores del despacho de ministro de Salud habrían realizado, a pedido de López, depósitos bancarios a la cuenta de la madre de sus hijos, Derby Apaza. Depósitos que harían un total 98.400 soles. A lo que se sumaría otro depósito de 70.000 dólares a la cuenta en cuestión, este realizado por Luis Quito, médico conocido por poseer diversas empresas vinculadas con la salud. Por si todo ello no fuera poco, se ha dado a conocer también la compra de un departamento por el monto de 412.000 soles con dinero proveniente de la cuenta de ahorros de la expareja del ministro Jorge López.

¿No sabía Castillo nada de lo que estaba sucediendo en una cartera tan importante como la de Salud? ¿Por qué no actuó con la misma celeridad con casos como los de los hoy exministros de Transportes y Comunicaciones, Juan Silva y Geiner Alvarado? ¿No será, quizá, que, si ahora se quiere mostrar como un mandatario que no telera actos de corrupción, es porque quiere vender una imagen de probidad (que a todas luces no tiene), puesto que dentro de poco se contará con la visita de los comisionados de la OEA? Sea como fuere, pesan más los innumerables casos en los que no tuvo el coraje de deslindar con los evidentes actos de corrupción que se venían dando en su gestión. Que su dizque voluntad de demostrar absoluta transparencia en su gobierno retirando al ministro de marras, para lo único que sirve es para confirmar aquello de que la cuerda se rompe siempre por el lado más débil.