Por: Lic. Eshek Tarazona Vega
La misma emoción que sentí en las alturas de Machu Picchu, santuario histórico donde estuve hace un año, siento ahora al tocar las piedras escalares de Tinyash, un centro arqueológico que se encuentra en el distrito de Pinra, provincia de Huacaybamba. Pues no hay espectáculo más grande que ver estos vestigios del pasado: canales, torreones, chullpas, reservorios y andenes. Y en los alrededores, contemplar los lugares más transparentes del aire.
Hay testimonios escritos de los primeros investigadores que llegaron a Tinyash, así como Santiago Antúnez de Mayolo y Julio César Tello, que, apenas vieron los altos muros de piedra, se quedaron deslumbrados. No podían explicarse por qué en un lugar tan lejano e inhóspito y en una época tan remota había sido posible la vida. Hoy también, cada visitante o cada escolar, aún se pregunta por los misterios que esconden sus entrañas.
Nací en la provincia de Huacaybamba y, en medio de su vasta geografía, viví mi niñez. Quise, muchas veces, visitar las ruinas de Tinyash, y no pude. Pero ahora, después de más de 10 años y después de haber recorrido más de 300 kilómetros desde la ciudad de Huánuco, siento el ritmo acelerado de mi corazón porque he llegado a una altura de 4100 metros: he llegado al lugar donde trabajaron mis antepasados, los valientes huacrachucos. Y, desde luego, la alegría y la emoción que me embargan son las mismas que como cuando era un niño campesino.
Permanecer en esta ciudadela, al menos por un momento, es como darse un baño de espiritualidad, pues aquí lo militar y lo sagrado se mezclan y se funden. La prueba más visible de su carácter militar son los torreones, cuyas paredes tienen incrustaciones de cuarzo; y del segundo, son las cabezas clavas, sus templos y mausoleos.
El prodigio que más llama la atención, a simple vista, es el pequeño monolito de piedra, único en la cultura andina. Esta hermosa estela representa en alto relieve la imagen de una mujer guerrera: con la mano derecha sostiene un bastón; mientras que con la izquierda, lleva consigo una cabeza trofeo. Para los huacaybambinos, esta es el símbolo de la valentía y la perseverancia.
Ignorado por la historia oficial, olvidado por los dirigentes y perdido en lejanas tierras y antípodas, Tinyash se erige como una alta ciudadela de piedra (algunas de ellas miden hasta 6 metros) entre las flores silvestres e ichus y, por ende, su grandeza reside en esas piedras perfectamente talladas, rectilíneas y simétricas. Sólo falta que las autoridades comprendan de una vez por todas que este centro arqueológico siempre será venerable: pintarrajearlo, implicaría un sacrilegio; descuidarlo, sería inhumano.



