Un gran porcentaje de ciudadanos se muestra muy desconfiado y con cierto desinterés por las elecciones regionales.
Y no es para menos, ya que a diario vemos cómo los políticos toman decisiones en base a su beneficio personal, sin considerar mínimamente el beneficio común.
Nos referimos a los poderes Ejecutivo y Legislativo, que tienden a revelar una imagen bastante pesimista de la política. Por ende, la gran desconfianza de la población.
Como es parte de nuestro trabajo y de curiosidad propia, constantemente hacemos sondeos de opinión con los conductores de trimóviles, con comerciantes en los mercados y bodegas, con vendedores de productos agrícolas en las calles, etc.
La cruda, triste y preocupante realidad es que una gran mayoría de la población tiende a mostrarse desconfiada, como también demuestran total falta de interés por saber quiénes son los candidatos.
En el aspecto regional y local, son pocos los distritos y provincias cuyas autoridades han realizado una buena gestión. Entonces es entendible la reacción de desconfianza de gran parte de la población.
Mucho de esto tiene que ver con la falta de partidos políticos sólidos y la poca formación política de la ciudadanía.
Lo ideal sería que las instituciones promuevan una cultura política en el pueblo, sin embargo, como no es una política de Estado, no es prioridad.
Lo cual a la larga es una gran debilidad para todos nosotros. Porque, simplemente, tenemos partidos políticos muy débiles, los cuales terminan representándonos.
Cuyos representantes terminan siendo personajes con denuncias serias de conducción, con ninguna capacidad de gestión para lograr desarrollo y un impacto negativo.
La política se ha convertido en un sistema bastante informal para buscar llegar al poder, a pesar de que no se tenga conocimiento de la gestión pública, ni tampoco ideales ni principios sólidos con los que se pueda identificar un candidato.
Vemos cómo algunos candidatos buscan venderse como “El Mesías”, cuando realmente son tremendos delincuentes.
La guerra sucia ya empezó. Es importante que no se deje engañar. Ojo.




