Por: Dra. Zoila Elvira Miraval Tarazona y Leon Ramos, Tatiana Lizbeth
Muchos hemos escuchado el término “lactancia materna”, también conocida como nuestra primera vacuna, así es, pues las bondades que ofrece la leche materna es única y abundante, por un lado, la lactancia materna es una de las formas más eficaces de asegurar la salud y supervivencia materna infantil, así mismo es el pilar fundamental para una vida saludable y de bienestar, no solo para el infante sino también para la madre.
La Organización Mundial de la Salud recomienda iniciar la lactancia materna durante la primera hora de vida del bebé, continuar de manera exclusiva hasta los seis meses y complementarla con una adecuada alimentación hasta los dos años o más.
La lactancia materna a nivel infantil previene enfermedades infecciosas como las diarreas e infecciones respiratorias, la anemia, desnutrición y sobrepeso, todo ello gracias a que la leche materna brinda el hierro, las vitaminas A, y E, complejo B, enzimas, anticuerpos, factores inmunitarios, leucocitos, linfocitos, e inmunoglobulinas; otro beneficio es que alimenta y nutre como ninguna otra sustancia; por otra parte, genera el apego, es decir un vínculo afectivo madre-hijo, obteniendo un mejor desarrollo del bebé.
A nivel materno, la lactancia materna exclusiva cumple la función protectora contra el cáncer de mama, cáncer de ovario y diabetes tipo II.
En definitiva, la leche materna es una fuente rica en nutrientes, anticuerpos, vitaminas, hierro y mucho más, todos estos componentes ayudan al buen desarrollo y brindan una buena salud al bebé. Logremos que la lactancia materna exclusiva sea “la primera vacuna de los bebés”.




