Corresponsal: Mariano García Ledesma
La señorial y tradicional Chunguinada cerreña, esa hermosa danza que se baila al compás de la orquesta, desbordando sentimientos de tristeza y otras veces de alegría, y que es nuestro mejor homenaje a las cruces de mayo y a cuanto homenaje se desarrolle durante el año, por cuanto no hay iglesia ni capilla de Cerro de Pasco, que no presente su baile, fue declarada Patrimonio Cultural de la Nación.
Esta declaratoria que lo suscribe Mariela Sonaly Tuesta Altamirano, Viceministra de Patrimonio Cultural e Industrias Culturales, una mujer periodista que paseó todo el Perú investigando sobre las tradiciones y costumbres de nuestra tierra, ha sido una lucha -también- por parte de un puñado de hombres que decidieron impulsar todo un expediente muy bien elaborado para lograr el propósito que se habían empeñado.
El periodista Tito Vera Romero, impulsor de la Asociación Folcklórica Cultural “Los Capullos” comandó el equipo de cultores y profesionales que indagando datos y recabando entrevistas a los viejos Chunguinos, lograron consolidar la documentación necesaria para esta declaratoria.
No en vano hay personajes que bailaron por décadas esta hermosa danza, donde con cinta en mano y paraguas los varones y con el pañuelo blanco las mujeres gesticulan movimientos y ademanes al compás del violín, el arpa los saxofones y clarinetes, entregando en cada danza sudor y esfuerzo, y el respiro acelerado, con frenesí en la agitación que se calma con un buen trago de chicha de jora o cerveza.
La Chunguinada constituye la memoria histórica de nuestra tierra, y es nuestra mofa a aquellos, que allende los mares, llegaron dizque a conquistarnos, deriva del vocablo chunga, sinónimo de burla, bufonada, chanza o mofa, de acuerdo a la explicación del historiador Alberto Tauro del Pino, en su Diccionario Enciclopédico del Perú, publicado por la Real Academia Española entre 1726 y 1739.
El vestuario colorido y exagerado de los “gachupines” o españoles del siglo XVIII, y los pasos que la componen, se representa en esta danza, donde predominan adornos de platería y pedrería, los varones llevan camisa blanca, pantalones tipo torero, ajustado y decorado con bordados y platería, saco y sombrero negro, medias de lana de punto, corbata, charreteras de plata, y un cincho o cintura adornado con piedras de colores, bandos con monedas de plata llevando un cacho decorado con plata, y el otro una media luna, máscara con grandes bigotes, ojos azules y sobre la cabeza una peluca rubia o castaña.
Las mujeres llevan blusa bordada, una lliclla, manta bordada con aplicaciones de plata sujeta con un imperdible de plata, un fustán blanco almidonado y varias polleras de tela de castillo en diversos colores, un anaco, pieza rectangular de tela con bordados de plata llevada al lado derecho sujeta por una faja o huatruco, una máscara femenina de rasgos finos, y un sombrero blanco de paja.
Este reconocimiento es un homenaje a los hombres y mujeres cultores de esta danza como Sabino Espinoza, Florencio Vera Mirabal, Miguel García Alvarado, Fortunato Espinoza, el gato; a los hermanos Ventocilla, Cirilo Calero, Modesto Aguilar Huaricanca, amantes de la Chunguinada, entre otros miles de cultores, a quienes recordamos trenzando sus cintas alrededor del asta, o bailando el Imperial, la Americana o la Francesa, en cada mudanza.
Como olvidarnos de quienes ponen el espíritu a través de los instrumentos musicales en cada tonada de la Chunguinada, los músicos de Lira paucarina, Los Brillantes del Centro, Juventud del Centro, Los Tigres de América, de los hermanos Espíritu, Los Pioneros Embajadores del Folckor de Orlando espíritu Janca, Los Llaveritos de Didí Espítitu, Selección Cristal de Hugo Guzmán, de Estrella Andina de Cerro de Pasco, Consagrados de América, Favoritos de América, Los Magníficos del Centro, entre otras.
Un acápite particular para los chutos, esos graciosos personajes que desbordan en picardía y travesuras, tienen el piropo adecuado para cada quien, son los que más bailan y también los que más toman, encargados de poner orden entre el público que se aglomera para gozar de estas coreografías, nuestro recuerdo especial al popular Shulo, al Chuto Siete, Raúl Diaz Mayhua, quién terminó como cantante de música nuestra.
Salud y larga vida majestuosa Chunguinada cerreña.





