
Por Arthur Chávez
Luego de atravesar la entrada en completo silencio ante la mirada curiosa de mis estudiantes, me detengo frente a la pizarra y me encuentro mirada a mirada con ellos. Ahora yo los observo curioso, escrutador, como tratando de leer sus profundas mentes. Luego de 10 segundos hablo: “Ustedes saben mucho, solo no saben que saben”. “¿Cómo así, profesor?”, pregunta alguien después de hacer un gesto torcido. “¿Saben qué es un morfema? …”. Algunas miradas se encuentran, unos cierran sus ojos como intentando recordar. Sonrío, “… y , sin embargo, lo usan a diario”. “¿En qué momento, profesor?”. “Cada vez que van a hablar o cada vez que van a escribir, solo que no saben que se llaman así”. Vuelven los gestos torcidos, y yo me río.
“Por ejemplo, hablemos de algunas acciones, ¿cómo le llamamos a la acción de emitir palabras de forma melódica, casi siempre acompañadas por instrumentos musicales?”. “¿Cantar?”, responden con el clásico tono interrogativo cargado de hesitación. “Así es”, “Si yo quiero decir que Alberto (el estudiante del mismo nombre, que en ese momento está distraído levanta la cabeza y presta atención a mi voz) realiza esa acción en este momento, ¿cómo lo haría?”. “Alberto canta”, se escuchan algunas respuestas. “¿Y si esa acción la realizó ayer?”. “Alberto cantó”, se escuchan más voces. “¿Y si la acción lo realizara mañana todavía?”. “Alberto cantará”, se escucha en coro esta vez. Anoto las tres respuestas en la pizarra y sigo preguntando: “Y si Alberto ya no realizara la acción solo, sino acompañado de Julián, ¿qué diríamos si la acción la realizan en este momento?”. “Alberto y Julián cantan”, “Ellos cantan”, ambas respuestas son válidas. Repito las preguntas anteriores a cuando Alberto realizaba la acción solo. De pronto alguien levanta la mano y habla: “Profesor, pero ¿qué tiene que ver lo que respondimos con los morfemas?, ¿eso no son verbos?”. “Así es, son verbos, pero en las palabras que están observando también hay morfemas”. “¿Dónde?”. “Observen los verbos de la pizarra, analicen su estructura, analicen cómo está construida la palabra, ¿son todas iguales?”. “No”. “Muy bien, son diferentes, pero todas tienen algo en común, ¿qué es?”. “¿El cant?”, vuelve la respuesta en forma de pregunta. “¡Sí!, y ese es un morfema”. “Entonces en caminar ¿el morfema es camin? y en jugar, ¿el morfema es jug?”. “Sí y no”. “¿Cómo así?”. “Cuando dices el morfema, me estás diciendo que es el único morfema, y yo no dije que es el morfema, dije es un morfema, así que, hay más”. “¿Lo que sigue después de cant?”, dice alguien más. “¡Eso! Este morfema que no cambia se llama lexema o raíz, y lo tienen todas las palabras, no solo los verbos. Además, si se dan cuenta, tiene el significado principal de la palabra, en este caso la acción que mencioné al inicio”. “Entonces camin y jug son raíces”. “Así es, y tienen el significado principal de la palabra”. “¿y cómo nos damos cuenta de los demás morfemas?”. “Ahí vamos, compara las terminaciones, a en Alberto canta y ó en Alberto cantó, ¿qué cambia?”. “El tiempo”. “¡Eso! Ahora compara la primera terminación a con la terminación aron en Ellos cantaron, ¿qué cambia?”. “El tiempo”, repiten. “Exacto, pero ¿solo el tiempo? Antes era uno solo, ahora son dos”. “El número, profesor, porque si es solo es singular, pero cuando decimos ellos, ya es plural”. “¡Eso! Y si comparo ‘ellos cantaron’ con ‘yo cantaré’, ¿qué cambia? Luego de un silencio de algunos segundos, responde alguien: “El tiempo, el número y…”. “Y…”. “Eso de yo, tú, él”, responde tímido”. “¡La persona!, responde alguien por el medio”. “¡Eso! ¿Y qué son el tiempo, el número y la persona?, pues morfemas”. “Por eso dijo que lo usamos siempre antes de hablar o escribir”. “Así es, cada persona capaz de crear palabras primero une los morfemas en su mente antes de hablar o de escribir. Ahora, los que acabamos de ver no son los únicos morfemas que existen, cada tipo de palabra tiene distintos morfemas. Sin embargo, hay algo que me importa mucho que tengan claro, si los morfemas presentan el significado principal de la palabra, presentan el número, la persona, el tiempo, podemos decir que todo morfema tiene algo peculiar, ¿qué es?”. “¿Letras?, dice alguien, “¿vocales?”, dice otro, y voy de alumno en alumno hasta que alguien responde de forma correcta: “Significado”. “¡Eso!, todo morfema tiene significado. ¿Ya ven? Ustedes sabían todo esto, solo que no sabían que sabían”. Se escuchan risas. “Y ustedes conocen los significados de todos los morfemas de las palabras que hablan incluso desde niños y lo más sorprendente, nadie se los enseña”. “¿Nadie?”. “Nadie, ¿cómo un niño de dos años sabe que cuando tenga que decir cualquier verbo, si se refiere a sí mismo, o sea en primera persona, y en tiempo presente, debe mencionar la raíz y la o?, yo cant-o, yo beb-o, yo camin-o, yo mir-o… ¿Su mamá le ha dicho ‘Hijito, cuando menciones cualquier verbo en primera persona y en tiempo presente…’ ¡no! Lo aprendió de su mundo externo, pero gracias al lenguaje…”
“Y profesor, ¿qué es el lenguaje?”. Mi respuesta es sencilla: “Ustedes lo saben, solo que no saben que lo saben”. Cuando un perro ladra…





