Por Marcos Cancho Peña
La familia Fujimori recibió la noticia: el Tribunal Constitucional acordó restablecer el indulto que le fue otorgado a Alberto Fujimori. Ojos chinos… de risa y de raza.
Partamos de lo innegable: el indulto que Pedro Pablo Kuczynski otorgó en el 2017 fue negociado. ¿Acaso alguien lo duda? En ese entonces, el expresidente estaba contra las cuerdas, había suficientes votos para vacarlo. Por eso, su última carta fue estrechar la mano de Kenji Fujimori y sellar un trato miserable: el grupo político de Kenji no votaría a favor de la vacancia y PPK indultaría a Alberto. Muy claro. Además, los encargados de revelar el arreglo fueron congresistas de Fuerza Popular, partido de Keiko Fujimori. Que no se olvide que entre ratas también hay disputa. Por un pedazo de queso o por el poder político.
Ese indulto jamás debió existir. La gracia presidencial negociada también debe ser rechazada. Apoyar dicho arreglo bajo la mesa es igual de miserable que apoyar un ascenso irregular o un puesto por cargo de confianza. Los tres son flores de la misma semilla: la corrupción.
Pensemos en aquellos que sufrieron los crímenes del dictador. Otorgarle el indulto a Alberto Fujimori es perdonar la negra época universitaria en la que se priorizaba el lucro antes que la calidad educativa. Indultarlo es insultar a las madres campesinas que sufrieron las esterilizaciones forzadas, a los trabajadores que vieron vulnerados sus derechos. Ni qué decir de los crímenes perpetrados en La Cantuta y Barrios Altos, una masacre monstruosa. Pese a ello, ¿quieren hablar de perdón? Entonces lean la biblia; que hasta ahora no conozco a algún sacerdote que haya ofrecido la otra mejilla después de que le hirieron la primera. En la historia, el único que lo hizo murió crucificado.
Con este escándalo, Kenji Fujimori y Pedro Castillo respiran más tranquilos. El primero, porque el hecho favorece a su defensa en el juicio que sigue por cohecho y negociación incompatible por el trato bajo la mesa que hizo con PPK; el segundo, porque le permitirá pasar desapercibido por un tiempo ante las múltiples acusaciones que prometían tumbarlo. Se aplica el 2×1 como oferta de supermercado.
La Corte Interamericana de los Derechos Humanos tiene mucho poder. Al parecer, es cuestión de tiempo para que la Corte rechace el fallo del Tribunal. Si eso ocurre, me será imposible no recordar las segundas vueltas electorales en las que la familia Fujimori celebró antes de tiempo para luego chocar con la realidad. Porque se puede llevar los ojos chinos de risa, de raza… y de tanto llorar.




