QUEREMOS TANTO A SAMUEL CÁRDICH

Por Israel Tolentino

Para ser poetas se necesita mucho tiempo:

horas y horas de soledad son necesarias

para formar algo que es fuerza, abandono,

vicio, libertad, para darle forma al caos.

Poco tiempo me queda: por culpa de la muerte

que me viene al encuentro en mi marchita juventud.

Mas por culpa también de nuestro mundo humano

que le quita el pan a los pobres, y a los poetas la paz. (Pasolini)

Queremos tanto a Samuel Cárdich, título inspirado en otro gran escritor querido, Julio Cortázar (1914-1984), quien descubría lo fantástico en lo cotidiano.

Bajo este cielo milenario, seguro, como el único cielo donde viajamos sin tiempo, existe una pequeña región extraña geográficamente. Sus pobladores han creído y creen que es única, seguro que sí, para qué contrariarlos. Bajo este cielo se ha tejido una estirpe de buenos poetas, muchos de ellos buenos con “B” mayúscula. Basta recordar a Amarilis, mujer osada, adelantada, inspirada, que puso en jaque el corazón de Lope de Vega y por una obra de él, en la memoria continúa viva; han nacido por acá: Aguilar, Varallanos, Pavletich, Briceño, Domínguez, Dávila… Por estos caminos han pasado Hojeda, Vallejo,  Alegría, Scorza, Robles Godoy (poeta visual) Arguedas, Heraud, y lo que los caminos y la exégesis recuerdan;  seguramente en las noches, frente al fogón, quien servía de guía habrá recordado a  Amarilis, a su anónima hechura.

Un valle con una polaridad geográfica con la que batallar e inspirarse desde el puquio hasta el torrentoso Marañón, de las orillas del Pachitea a la cima del Yerupajá. En esta naturaleza esquiva y profanada la sangre del poeta ha cazado sus versos. “Cada uno está solo sobre el corazón de la tierra traspasado por un rayo de sol: y de pronto anochece dice Salvatore Quasimodo, qué versos más ciertos para un poeta en esta ciudad que anochece. En tal caso, ser poeta en Huánuco, en cualquiera de sus lados puede no ser una novedad, pero aunque parezca una frase trillada, ser buen poeta en Huánuco y en el Perú es uno de los oficios más difíciles e ingratos, incluso cabría decir que es despreciable. El poeta muchas veces no se debe a su lector, sino a sus lecturas, a su vida errante o cercada por sus calles y sus amigos, la copa de cerveza, de pisco, de shacta, dependiendo del bolsillo y los amigos y el ejercicio de la docencia. Ser poeta en Huánuco es el reto mayor para cualquier ser humano, a decir de Víctor Coral en Lima: ·La poesía, así vista, es un ejercicio muy demandante, exclusivo. Acaso por eso, de cientos de académicos literarios en todo el mundo, apenas unos cuantos sobresalen en el campo poético; simplemente carecen del tiempo y la tranquilidad para crear verdadera poesía”.

Samuel Cárdich Ampudia (Huánuco, 1947) no ha sido la excepción, su alma y su cuerpo bañados en el sudor de los sauces no han logrado distraerse frente a esta revelación, ha tomado el camino difícil, ese reto de poner un puñado de sus versos al lado de Erato, de pesarlos en la balanza rigurosa del tiempo hechas de piedra y sal, a decir del poeta Ronald Mondragón:El carácter descollante de la poesía de Samuel Cárdich no solo se limita al panorama y al momento actual de nuestras letras. Su trascendencia desborda fácilmente el presente y se remonta con presteza a través de los siglos, hasta los albores de la Literatura Regional. La obra poética de nuestro autor es la más importante a lo largo de toda la historia de la Literatura escrita en estos lares”. La vida lo llevó a este andar, su corazón ha tenido que tomar el toro por las astas y dejarse estar como hoy, como ayer en la noche gloriosa. Cárdich ha sumado a su edad las edades de toda esta tradición hecha sin proponerse y se dejó llevar por el hado de la existencia. Ha llorado bajo el dintel, bajo la farola, bajo la nube, formando abstractas formas con sus lágrimas, limpiando los versos de Poesía reunida.

Samuel Cárdich, ninguno de los presentes duda un ápice, es el poeta mayor, nuestro vate principal y quizá ese reconocimiento no llega por los lectores si no por esa resistencia heroica de su palabra escrita y oral en estos abriles. Hay voces jóvenes que de una u otra manera le deben su “inspiración”, poner nombres sería entrar a pronóstico reservado y quién sabe cuántos estén en UCI. La noche de ayer noche, noche de botellas y humo, noche de versos al cierzo, a los oídos de las gentes, como las letras cantadas por Frankie Ruiz… nuevamente es de noche, como todas las noches preciso tenerte conmigo… los poetas como Samuel, sencillos hombres, debían, al día siguiente, levantarse de mañana e ir a marcar sus tarjetas prefirieron venir, verlo y oírlo. Ha sido la noche memorable, mágica, de  poesía de hace mucho en esta ciudad india y española, mestiza de sol radiante y abundante lluvia donde como en otros lugares los ríos llevan y traen poetas, pero donde también hay corruptos gobernantes que no saben nada de los poemas ni reconocen, volviendo a las palabras de Mondragón: “Al literato de mayor jerarquía en la historia de las letras huanuqueñas”.

Samuel no bordea los 18 ni viene de la india, de traficar armas o fumar hachís con la cabeza atestada de piojos, viene de vivir como cada uno de los presentes en esas calles apretadas, de andar por veredas agrietadas, de hacer cola en el banco y en la panadería, de dar un grito por que la pensión no es suficiente en este lugar donde nacemos para trabajar así estemos suicidados o muertos como mejor nos sienta el verso. Samuelito es un poeta de a pie, con la cabeza limpia, sin espantar los mosquitos de la tarde o andar acomodándose los laureles camina y se tiene que bajar de la vereda como muchos y tomar un bajaj y pagar con sencillo para que algún “vivo” no le cobre demás.

Toda esta Poesía reunida es el primer tomo de su obra reunida, un afán generoso de su editorial Ámbar (estar en ese filo peligroso cuando todo sube por que viene de Rusia) una primera edición de lujo en un tiraje reducido como los que fueron hechos para otros poetas y unos cuantos aficionados como yo quienes tomamos los libros para guardar autógrafos, la huella de la mano y algo del aliento del poeta. Samuelito, desde antes, tiene a esta región con un visto bueno en la lista de los pueblos ad marginem, sin complejos con el centro, superiores a cualquier congresista y autoridad local, con las disculpas a los libros y agradece al diario cultural regional AHORA, al Instituto de Cultura Andino Amazónico Huánuco (INCAAH), al recinto del Museo Leoncio Prado y otras instituciones que se sumaron a este programa.

Cuando crezcan los hijos que tenemos hoy durmiendo en casa porque era tarde para acompañarnos a la presentación, les contaremos que esa noche del acontecimiento estuvimos sentados frente al poeta, cerquita, diciendo que sí con la cabeza, diciendo que sí con los tacos. Lo hecho, se debe simple y sencillamente a la vida de Samuelito, a él las gracias por esa resiliencia, por el regalo de la luz para el alma en estos constantes tiempos de incertidumbre. Su palabra, no como la del sabio ni la del académico, sino palabra del hombre de a pie, casi corriente si no fuera por esa sensibilidad, casi mortal si no fuera bardo, palabra recogida en los bolsillos de su casaquita marrón mientras algunas gotas de lluvia huanuqueña caen por sus hombros. Gracias, voz, por susurrarnos a este poeta nacido bajo el nombre de Samuel Cárdich Ampudia. (Amarilis, 10/03/2022).