LOS ARTISTAS NO ESCAPAMOS DE LA GUERRA

Ninguna guerra tiene la honestidad de confesar: yo mato para robar (E. Galeano)

Por Israel Tolentino

El Guernica, pintado por Pablo Picasso, en homenaje al pueblo de Guernica bombardeada por la aviación alemana en 1937; una anécdota describe este hecho, el encuentro entre Picasso y un oficial alemán. Cuentan que el oficial le preguntó, mostrándole una fotografía de la obra, si había sido él quien había hecho eso. Picasso contestó “no, lo hicieron ustedes”.

Seguramente lo acontecido el día capicúa 22-02-2022, Rusia invadiendo Ucrania, no es novedad en la historia infame de la humanidad: guerra, palabra simple, que en la acción es la terrible manera de mostrar la cara oculta de la involución. Recordar a Francisco de Goya en “Los horrores de la guerra” y cerca al contexto en que vivimos, las Guerras Mundiales, supusieron la mayor tragedia humana, efecto letal en la cultura y en el arte. La persecución nazi provocó la pérdida de miles de obras de artistas y muertes: Dix, Ernst, Grosz, Kirchner, Kollowitz, Wols, Marc, Macke, Exupéry, etc.

Un caso emblemático es Franz Marc (Alemania 1880 – Francia 1916) voluntario en la 1ra guerra mundial, muere en marzo en la batalla de Verdún, ese mismo año, García Calderón Rey, joven dibujante peruano, quien viajó a estudiar arte en la Escuela de Bellas Artes de París, se enrolaba como voluntario en la armada francesa, haciéndose aviador a los 28 años. Murió en los cielos de Verdún en mayo de 1916. En la guerra no hay enemigos, somos seres humanos matándonos unos contra otros sin razón. ¡Nada justifica esta atrocidad!

Otros autores queridos, muertos en las absurdas guerras que más mal que bien, sus hechos han construido la distopía donde vivimos. Antoine de Saint-Exupéry (1900 – 1944) escritor y dibujante, despegó de la isla de Córcega a bordo de un Lockheed P-38 para fotografiar posiciones “enemigas,” era el tramo final de la Segunda Guerra Mundial, su avión se perdió en el Mediterráneo. Kathe Kollwitz (1867 – 1945) fue una grabadora, pintora y escultora alemana. La violencia de las guerras, así como la pérdida de un hijo durante la Primera Guerra Mundial, marcó significativamente su carácter pacifista y decepción socialista. Sufrió la presión Nazi y su taller fue destruido por los aliados, la Pietá Kollwitz, en Berlín, es un monumento a las víctimas de la guerra y la tiranía. Wols, seudónimo de Alfred Otto Wolfgang Schulze (1913-1951) pintor y fotógrafo. Demasiado francés para los alemanes y decididamente alemán para los franceses, su obra permite comprender el trauma que ocasionó la guerra en la continuidad de la cultura de vanguardia europea. Alcoholizado y en crisis permanente, se convierte en el ejemplo individuo existencialista admirado por Sartre.

El pintor expresionista David Herskovitz (EEUU, 1925 – Arequipa, 2020) Decía: “A los 19 años ya no tenía miedo de la muerte: Mi miedo era morir sin cumplir mi meta. Yo sentía, misteriosamente, que tenía una meta muy importante. En agosto de 1943, cuando servía en el norte de Francia, sufrió de un mal común entre los soldados rasos: congelamiento de los pies. En diciembre del mismo año fue enviado a Estados Unidos para recuperarse, cuenta Daniel Goya en una última entrevista. En 1960 llega a Perú, donde se establece hasta su muerte. Los traumas del conflicto le acompañaron todas sus noches.

Oswaldo Sagástegui (Llata, 1936) se salvó de morir, en 1979, en la guerra de los sandinistas contra Somoza en Nicaragua, había sido enviado por el diario Excelsior de México como cartonista (dibujante) a cubrir el conflicto civil. Cuenta que, cuando la patrulla militar le pidió sus documentos, él mostró su pasaporte peruano, oyéndole decir al soldado: ¡hay uno con este mismo nombre en México que, de estar aquí, ya le hubiera volado los sesos! Sagástegui sonrió y sudó frío, caminó lentamente sin voltear la mirada; en su pensión le esperaba la maquinita que le permitía enviar los dibujos. Tal vez hay que decir que estamos sostenidos en la peor de las formas de construir humanidad.

Cada 29 de mayo alemanes y franceses se reúnen en el Memorial de Verdún para reafirmar su reconciliación y seguir superando los nefastos nacionalismos; finalmente, nos haría bien leer de Mafalda: “Si los cobardes que deciden las guerras tuvieran que ir a pelearlas, viviríamos todos en PAZ”.