Es tan grande el poder de los Brescia, dueños de la minera en Raura, que dieron el lujo de comprar terrenos a una comunidad, cuyos habitantes voluntariamente negociaron y convirtieron a Raura Nueva en un pueblo fantasma. Hasta acá todo sería lícito; sin embargo, el Estado invirtió en esta comunidad construyendo un centro de salud, una institución educativa, un local comunal, viviendas y otras instalaciones con dinero de los impuestos que pagamos todos los peruanos, y lamentablemente todo esto ha sido destruido.
De acuerdo a una intervención sorpresa, se confirmó que la empresa sigue atentando contra lo poco que queda en ese lugar al verter sus relaves mineros en una laguna de cabecera de la cuenca. Esto obviamente origina la contaminación de las aguas, que llegan al Marañón, y destruye la vida de la flora y fauna de esas zonas.
Asimismo, se supone que la minera debió haber construido una represa de relaves, pero los residuos lo arroja a la superficie y, que al secarse, el viento levanta y forma una polvareda que los habitantes respiran y se envenenan.
Aprovechando la pobreza de los lugareños, les compraron sus terrenos. Ahora sus hijos y nietos pretenden recuperar y repoblar ese lugar.
Los raurinos están divididos, unos interesados en seguir habitando esos lugares y otros cansados de vivir con la constante amenaza de la contaminación minera que pone en riesgo la salud de sus niños, de sus animales. Empero, todos tienen algo en común. Piden a las autoridades respectivas a tomar medidas y corregir la situación para que los relaves sean tratados convenientemente y no constituyan riesgo y destrucción del medio ambiente y los recursos naturales de esa provincia.



