Hace cuatro años atrás, se inauguró en Huánuco el “aeropuerto provisional”. Es decir, pasamos de tener un espacio de armado de triplay como sala de embarque, a tener una infraestructura de vidrio, posiblemente del doble de espacio, pero sin el espacio suficiente para una sala de espera.
La apariencia ha mejorado, definitivamente, pero estamos muy lejos de tener un verdadero aeropuerto.
Para empezar, desde su ingreso al parqueo del minúsculo aeropuerto de Huánuco, por lo general, no se permite el ingreso de vehículos particulares, salvo contadas excepciones. Esto quiere decir que los pasajeros tienen que despedirse de sus familiares en la tranquera de acceso.
Esto implica que hay que caminar un poco más de 100 m hasta la sala de ingreso con todo el equipaje.
Las aerolíneas exigen que los pasajeros estén dos horas antes, sin embargo, los empleados de estas aerolíneas llegan después, mientras tanto los pasajeros tienen que estar en la intemperie, ya sea bajo el sol o lluvia y peor aún, que durante estos meses hasta marzo, estamos en plena plaga de mosquitos. Si un pasajero desea sentarse, tendrá que hacerlo ya sea en las gradas, o en el piso porque esta área no tiene asientos.
Los vuelos, por lo general, llegan retrasados, y las personas tienen que soportar los molestos mosquitos de las inclemencias del clima. Esto independientemente de sí se trata de adultos mayores, mujeres embarazadas, niños, para todos, el trato es el mismo.
Por alguna razón a Corpac no le interesa para nada que esta ciudad tenga un aeropuerto decente, por el contrario, parecería que existiera cierta animadversión.
No le dan interés al proyecto de ampliación de pista de aterrizaje para que aviones de mayor tamaño puedan ingresar a la ciudad, y así mejorar la oferta de pasajes y empresas a ciudadanos y turistas.
En otras ciudades sucede todo lo contrario, sin ir muy lejos, Huancayo, Cusco, Arequipa y Tarapoto cuentan con amplios aeropuertos internacionales. Pero a Huánuco, parecen mirarlo sobre el hombro. Penosamente, tampoco hay autoridades con el suficiente peso político, compromiso y la identidad necesaria para hacer valer los derechos de este pueblo.




