LECCIONES DE LOS 100 DÍAS

Escrito Por: Arlindo Luciano Guillermo 

La política es acción con cálculo, astucia, reflejos ante la coyuntura y, como virtud, la prudencia; es mover con inteligencia, frente al contrincante, las piezas en el tablero de ajedrez. En política no hay lealtades firmes, todo obedece a un tome y daca porque el fin supremo son los intereses partidarios y el ejercicio del poder. Eso hacen los políticos y los gobernantes porque en la gestión a nadie se satisface íntegramente, siempre hay descontento y expectativas que se convierten en desilusión y frustración cuyo desenlace indeseable son los conflictos sociales. El presidente Pedro Castillo, el maestro rural y rondero de Cajamarca, ha recorrido, entre trancas y barrancas, un tramo difícil de gobierno. Es preciso identificar qué lecciones dejan estos 100 días y asimilarlas democráticamente.  

El San Benito de comunista (ateo, lucha de clases, el poder nace del fusil, etc.) para el presidente Pedro Castillo resultó una falacia y un alivio. La izquierda ortodoxa y dogmática no existe. El presidente es un sindicalista que aún no actúa como presidente. Hemos pasado del gabinete Bellido al de Mirtha Vásquez (ya fue presidenta del congreso); es decir, de un premier altamente polémico cuestionado, radical, a una con perfil democrático, dialogante, concertadora y con autoridad firme para liderar el Consejo de Ministros. ¡Enhorabuena! En política, los liderazgos tienen que estar basados en la integridad moral, principios democráticos y desempeño profesional. No solo ser, sino parecer.   

El partido político que gana las elecciones tiene prerrogativas, prioridades y los aliados exigen cuota de poder. Perú Libre, hoy, está dividido. ¿Eso políticamente le favorece al presidente Castillo? ¿Cerrón se quedará con la boca cerrada y los brazos cruzados? O es que al fin Castillo se sacudió de la sombra e injerencia, “a veces insolente”, del secretario general de Perú Libre. El ministro del interior no es militante de Perú Libre; Avelino Guillén es un aliado estratégico que estuvo en el equipo técnico durante la segunda vuelta. ¿Alguien duda de su desempeño profesional e integridad? Dieciséis congresistas perulibristas no le dieron el voto de confianza al gabinete Vásquez. ¿Natural discrepancia ante un hecho concreto o ruptura de Perú Libre en el congreso? Fuerza Popular, monolíticamente, negó el voto de confianza.

En la elección y designación de algunos funcionarios y ministros, el presidente Castillo ha sido errático, no dio en el clavo; antes que confianza hizo que cundiera el pánico para la inversión privada, el dólar y la incoherencia entre tuit y actitud política. El discurso de la idoneidad, la meritocracia, el perfil técnico debajo de la militancia política y la transparencia ética son percibidos por la oposición derechista y los ciudadanos como una muestra de ineptitud y carencia de un proyecto de gobierno en marcha. Hay ministros (transportes y educación) altamente cuestionados. Si no le baja el dedo Castillo, el congreso utilizará los instrumentos constitucionales disponibles para interpelarlos y, finalmente, la renuncia.   

El presidente Castillo, en el plazo inmediato, tiene que priorizar 5 ejes: retorno a las clases presenciales (más de 600 días sin clases los estudiantes), culminación de la vacunación contra el Covid-19, reactivación urgente de la economía que se refleje en la economía doméstica y el bolsillo de los ciudadanos, generación de empleo y resolución de los conflictos sociales que han eclosionado de modo beligerante. Asamblea Constituyente, nueva Constitución, gas de Camisea y vacancia presidencial tendrán que pasar por el consenso y el debate político, antes que el deseo de Perú Libre. Esa es la tarea de ahora. Castillo debe, urgentemente, cambiar de estrategia comunicacional. Ningún elegido por el pueblo habla desde la sombra, entre bambalinas, detrás del telón. El tuit es efectivo, pero no es el modo idóneo para comunicarse. Recordemos que Alberto Fujimori renunció por fax desde Japón. La vacancia está al acecho como un depredador esperando la pigricia y la oportunidad; la polarización política e ideológica es una pesadilla que divide y resta; las encuestas no favorecen al presidente Castillo, pero mantiene la “lealtad momentánea” de sectores desatendidos que se ven representados por él. No hay que ser adivino ni chamán para concluir que el gobierno de Castillo no se convertirá (sin mayoría en el congreso ni aliados en las FF.AA. y la PNP) en la Venezuela de Maduro, en la Cuba de los Castro, en la Nicaragua de Ortega o en la Bolivia de Evo Morales. Los regímenes socialistas de orientación marxista, leninista y maoísta están extintos en la historia; son fósiles ideológicos.  

La historia ha demostrado que, en política, los enemigos públicos de hoy son amigos y compadres después. Si comen de un mismo plato (gato, perro y pericote) en beneficio de la hermandad, la gobernabilidad, la estabilidad y la reconciliación, que así sea. La política es el arte de lo posible. A Castillo le quedan 3 años y 9 meses de gobierno. ¿Qué hará? ¿Cómo le irá? No lo sabemos. Creo que nadie tiene una bola de cristal ni oficiamos de clarividentes ni somos el oráculo de Delfos. Definitivamente , la oferta electoral no se va a cumplir cabalmente (¿alguien la cumplió?), el esfuerzo mayor está en fortalecer la institucionalidad y la calidad de vida de los pueblos. Lo demás es el juego político de los poderes del Estado, qué rol infame se le sigue permitiendo a la corrupción y el trabajo efectivo que debe hacer el Ministerio Público y el Poder Judicial. Tengo la quijotesca esperanza de que el presidente Castillo pronto aprenderá a gobernar. A la oposición ya no le interesa el proyecto comunista y autoritario, sino la ineptitud cotidiana del gobierno que celebra con aplausos, risas y abrazos.