El monstruo anda suelto. No planea devorar personas, sino monedas del pueblo que aún no se recupera económicamente.
Escrito por: Marcos Cancho Peña
Pedro Francke planea realizar reformas tributarias: cobrar el IGV a los servicios digitales, cobrar una tasa más alta a quienes ganan más de S/ 300 000 anuales y cambiar las tasas del impuesto de las rentas de primera y segunda categoría (alquiler de viviendas y venta de inmuebles), de 5% a 10%. El ministro de Economía intentó convencer de que las modificaciones afectarían sobre todo a la clase alta, pero eso es falso. Él estima recolectar 12 mil millones de soles y solo cobrando a la clase A no podrá alcanzar ese monto, por lo que hace falta calcular qué tanto será afectada la clase media.
Se planea duplicar la tasa de impuestos por renta a quienes aún continúan recuperándose económicamente. ¿Cómo explicarle al emprendedor que por fin está volviendo a salir a flote que se le cobrará el doble de impuestos por alquiler? El sector aún no está recuperado. Sin embargo, eso no importa mucho para el ministro de Economía. Y entonces la gente se pregunta: ¿A dónde irá dirigido ese dinero? Se dice que a los servicios estatales, pero nosotros conocemos los aniegos que Sedapal no puede controlar, las citas con meses de retraso otorgadas por EsSalud. Ya nadie puede mirarnos a los ojos y encontrar confianza.
La verdadera prioridad debe ser ampliar la base tributaria. Aproximadamente el 70% de la Población Económica Activa en el país es informal. Reduciendo la informalidad habrá más ingresos por tributos, tan simple como eso. El detalle es que las autoridades tendrían que exigirse más mentalmente para definir los incentivos que logren, de una vez por todas, modificar la situación. Por eso es más sencillo exprimir a los peruanos que ya contribuyen. Y, de paso, olvidar que ha habido más de 22 mil millones de soles en pérdidas por corrupción en los gobiernos regionales durante el año pasado. La estadística indica que hay dinero, pero falta capacidad administrativa. Además de integridad, claro está.
Por las calles va Franckenstein. No devora personas; devora monedas. Una a una. Si se cruzan con él, no huyan, ya no es el monstruo intratable de hace siglos. Intenten conversar, para recordarle que su misión principal ues aumentar los puestos de trabajo en el país. Ojalá que no les responda con un gruñido y les entregue un bono. Y es que a veces la realidad supera la ficción.




