Por: Víctor Cuadros Ojeda
Como era de esperarse se ha trazado metas bastante altas teniendo en cuenta que el país está pronto a cumplir 200 años de su independencia. Retos, como el mismo lo señala, dentro de “…un mensaje lleno de esperanzas”, y para “… cumplir con los sueños de los fundadores de nuestra República”.
Al bicentenario de nuestra independencia, la modernidad debe darse a través de un “gran salto”, la REVOLUCIÓN SOCIAL (hizo recordar la frase del presidente saliente “La Gran Trasformación”), para ser un país “más justo, más equitativo y más solidario”.
Ha sido puntual al resumir cuáles serán sus seis compromisos de Estado y el llamamiento o convocatoria a la sociedad para que también se comprometa, no con su gobierno y con él sino, con el país.
Al haber enfatizado en la salud y la educación, está priorizando en mejorar la calidad del capital o potencial humano del país (la verdadera riqueza de una nación), buscando con ello cerrar algunas brechas de la desigualdad social como la pobreza y salir de ese círculo vicioso y convertirlo en virtuoso (para que no vuelvan a ser pobres, tal como lo indico en su mensaje). Una educación y salud oportuna y de calidad ha de permitir tener ingresos aceptables mediante empleos dignos y acceder a todo aquello que ahora les es esquivo.
Su compromiso a que accedan a los servicios más esenciales, como el agua potable, por ejemplo; más infraestructura, especialmente carreteras que sean transitables para mejorar la conectividad, principalmente del área rural (concentración de la pobreza del país) y tengan oportunidades de un desarrollo más igualitario y acceso no sólo a los mercados, sino para que el Estado esté más cerca, como ha hecho énfasis, con la continuidad de los programas sociales mejorados y con mayor cobertura. Y con programas productivos para darle sostenibilidad y aseguramiento en la lucha contra la pobreza.
La formalización, especialmente de la pequeña y mediana empresa, da a entender que ellas serán uno de los pilares de la reactivación del crecimiento de la economía. Buscando mejorar las condiciones laborales y sociales de los trabajadores y el acceso al crédito y la reducción del IGV, dos instrumentos para alcanzar dicho propósito. Sumado a ello la inversión privada extranjera, que debe cumplir, entre otras exigencias, las normas ambientales vigentes.
La inversión pública, cuyas demandas regionales van a ser atendidas, destrabando el “ciclo” burocrático para su ejecución. Cabe recordar que el ministro de economía saliente, tuvo la misión de dicho cometido por ello se le llamo el “ministro destrabador”, parece que fue todo lo contrario, esperemos que en seis meses, según lo prometido, tengamos fluidez de la inversión pública de calidad e impacto en el bienestar de la población.
La corrupción, es evidente que está arraigada desde los más altos poderes del Estado (es transversal y organizada), pero no está sola, viene acompañada por los lobbies de las empresas privadas. Se ha dado a entender que se contara con una autoridad especial para qué luche contra la corrupción, en el pasado, se tuvo un “Zar” anticorrupción, pero esta se incrementó más, hasta convertirse no en un flagelo sino en un mal congénito, casi endogenisado. La corrupción, cualquiera que sea su forma, afecta a la sociedad, al desarrollo y crecimiento del país, generando más pobreza. Tenemos la esperanza que esto se revierta.
La inseguridad ciudadana está convirtiéndose en incontrolable por parte del Estado (han sido débiles o inadecuadas las medidas asumidas por el gobierno saliente) y la población se ha visto obligada a asumir su propia defensa con métodos y formas muchas veces no aceptadas. Son los heroicos del bienestar de la ciudadanía, anónimamente nos dan fortaleza para transitar con mayor seguridad y que sea habitable el lugar donde vivimos y no ser presos de la inseguridad. Afecta a la economía familiar y al país y, sobre todo, a la salud mental del ciudadano.
El modelo extractivo basado, principalmente, en la minería, continuará siendo el otro motor reactivador del crecimiento del país, así como la industria básica y que se supone debe generar bienestar en las poblaciones circundantes a este recurso. Las evidencias han demostrado las secuelas no solo en la salud, en los cambios medio ambientales y sus efectos ecológicos (existe un compromiso al respecto en el Plan de Gobierno sobre el desarrollo sostenible). El dialogo es un buen mecanismo y ello es alentador, sobre todo con la presencia del Jefe de estado que debe de ser transparente y como lo ha afirmado: “No nos iremos contra la voluntad del pueblo”. La verdad y solo con la verdad, los conflictos no tendrán por qué sucederse.
El liderazgo como un aspecto geopolítico que hoy exige la competitividad mundial es una fortaleza para el país en todos sus aspectos, aún más, como lo señalado en el mensaje, que seremos miembros de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) al 2021.
El telón ya se levantó el mismo que se bajará el 28 de julio del 2021. Es un periodo muy corto sI tenemos muchas necesidades y demandas que atender sobre todo cuando se ha tenido décadas perdidas por la desidia de la clase política, por intereses particulares, partidarios y de otra índole. Esperamos que al final del transitar de este mensaje llamado de esperanza no se hagan meas culpas de sus errores a otros, como ya estamos acostumbrados, asumiendo sus propias responsabilidades con entereza y honestidad.
El primer gabinete tiene la responsabilidad de generar credibilidad de poner en marcha el mensaje de esperanza y el plan de gobierno. En 100 días tendremos la primera rendición de cuentas (como lo anuncio), con resultados que generen impactos de esperanza en la población.



