Escrito por: Jorge Farid Gabino González
Podrá la prensa peruana tener todos los defectos del mundo; podrá estar, de hecho, un amplio sector de esta caracterizado por la poca objetividad con que maneja la información que día a día ofrece, según sea el caso, a los cientos, miles o hasta millones de personas que, ávidas de poder contar con elementos de juicio que les permitan la toma de decisiones acertadas, recurren a ella como quien consulta un oráculo, como quien, convencido de que peor sería prescindir de sus necesarios servicios, confía su suerte a esta especie de peor es nada en que de un tiempo a esta parte parece haberse convertido el periodismo en el Perú. Podrá todo ello ser muy cierto, y puede que hasta nos quedemos un poco cortos al momento de ponderar las “bondades” de nuestra prensa, sobre todo si de la que hablamos es de aquella monopolizada por el diario más poderoso del país, pero, con todo y con eso, resulta inaceptable desde todo punto de vista que en virtud de un mamarrachento proyecto de ley impulsado por el partido Perú Libre, se pretenda coartar descaradamente la libertad de expresión, bajo el argumento estulto de que lo que pretenden, según ellos, es velar por el uso adecuado y democrático de los medios de comunicación.
De autoría del congresista Abel Reyes, la iniciativa legislativa en cuestión plantea declarar de necesidad pública “la justa y equitativa distribución del espectro electromagnético y radioeléctrico”, lo que en buen cristiano implicaría nada más y nada menos que el Ejecutivo, “con carácter excepcional y transitorio, respetando los principios de razonabilidad y proporcionalidad, podrá asumir de manera temporal la prestación directa de determinados servicios o la explotación de ciertas redes de telecomunicaciones”. Así, la propuesta de Reyes, que cuenta con el respaldo de los parlamentarios oficialistas María Agüero, Álex Paredes, Silvana Robles, Guillermo Bermejo, Jhasmina Paredes y de Waldemar Cerrón, buscaría que el Ejecutivo se inmiscuyera en cuestiones para las que no solo no está preparado (¿habrá algo para lo que el gobierno de Pedro Castillo esté preparado?), sino que además son garantía segura de que a lo único a lo que acabarán conduciéndolo es a la asunción de una forma de gobierno a todas luces autoritario.
Naturalmente, las posibilidades de que el susodicho proyecto en cuestión pueda obtener el respaldo necesario entre las diferentes bancadas del Congreso, el mismo que le permita alcanzar la votación que lo lleven a convertirse en ley, son, por decir lo menos, casi nulas. Lo que no quita, sin embargo, que exista una más que justificada preocupación por el hecho de que quienes pretender llevar adelante semejante despropósito sean precisamente miembros del partido de gobierno, individuos que con actitudes como la señalada no hacen otra cosa que confirmar lo que de una u otra manera ya todos sabemos: que para los intereses de Perú Libre, esto es, para sus conocidos y siniestros planes de perpetuación en el poder, una prensa libre siempre será un lastre.
Por lo pronto, diversas bancadas han salido a pronunciarse en contra de las intenciones de convertir en ley la iniciativa antedicha. Y aunque como decíamos arriba son pocas las posibilidades de que el proyecto del Congresista Reyes logre alcanzar más votos de los que a buen seguro obtendrá del bloque conformado por Perú Libre y sus aliados, es bueno no perder de vista que si por algo se ha caracterizado el Legislativo en los últimos años es por su inocultable propensión a mostrarse en contra del ejercicio libre del periodismo. Lo que hace que debamos tener los ojos bien abiertos, a fin de no dejarnos sorprender por lo que entre gallos y media noche podría llegar a suceder en nuestro siempre inefable Congreso.
Después de todo, conocidas son las innumerables ocasiones en las que, lejos de actuar con arreglo a la legalidad y el sentido común, los mal llamados padres de la patria han acabado cometiendo bellaquería y media en lo que toca a la dación de leyes, amparados, como siempre, en el escaso y hasta nulo interés de la población por velar por que no se cometan excesos ni disparates en lo que al ejercicio de sus funciones se refiere. De ahí que debamos mantenernos alertas por si en un arrebato de infeliz iluminación a algunos de los congresistas que ahora gritan a voz en cuello que no apoyarán el proyecto de ley intervencionista, les dé por cambiar de postura, y por sumarse al grupo de Perú Libre y sus aliados, convencidos de que es necesario ponerle un alto a los excesos de la siempre abusiva prensa. Todo es posible. Tratándose de nuestros políticos, todo es posible.
Lo que no es posible, lo que resulta inconcebible, es que los peruanos nos quedemos callados, viendo cómo una sarta de incapaces, pelafustanes e impresentables pretenden hacer con el país lo que les da su puta gana, y, lo peor, con el argumento imbécil de que lo que defienden son los intereses de los más pobres, de los más humildes, de los más necesitados. ¡Pobre cojudos tendríamos que ser para creerles semejante pendejada! Como si el Perú estuviera para candelejonadas.




