
Escrito por: Denesy Palacios Jiménez
El Perú es un país, donde el machismo causa uno de los estragos más grandes, al abandonar a los hijos en las diferentes mujeres, y se crían esos niños como pueden, pero por supuesto con la falta de afecto; y el problema no se soluciona porque dejaron de llamarles bastardos o hijos ilegítimos, sino que vemos que perdura en el tiempo, y son estos niños los que posteriormente se forman como hombres y mujeres, que por supuesto varios de ellos en lugar de ser ciudadanos de bien, se forman con tantos traumas, que si los sociólogos o antropólogos hubiesen investigado a profundidad quienes conformaban las cúpulas de lo que sembraron el terror, hubiésemos llegado a la conclusión, que son producto del problema de la bastardía, y que más tarde manifiestan las protestas que habitan dentro de ellos, porque para sobrevivir tienen que acatar las decisiones de terceros, o vivir en silencio para poderse asegurar la sobrevivencia, pero sobretodo carentes de afecto y de un hogar y de todo lo demás que goza un niño que vive con sus dos padres.
Violeta Sara Lafosse es una de las pocas que ha tratado el problema de las familias con padres despóticos, es decir, nada democráticos y donde su autoridad y el maltrato, la hacían prevalecer contra toda razón.
Una de las secuelas más grandes que nos ha dejado estas épocas de terror, es la falta de solidaridad y amor por el prójimo, más diríamos la falta de amor por la vida, cuando hemos visto que los más vulnerables eran los desposeídos de todos los tiempos, nuestros hermanos que se habían quedado en el ámbito rural; de pronto se vieron entre dos fuegos, es por eso que se cometió el genocidio más grande de la historia en nuestra patria.
Otra de las secuelas maquiavélicas es que el fin justifica los medios, quienes querían ser autoridades, denunciaban ante sus amigos subversivos, a sus enemigos opositores, que no les permitían tomar el poder en las universidades, por ejemplo, es por eso que vemos asesinar al famoso Mao Silva en la UNHEVAL de Huánuco, por ejemplo, o ante las autoridades estatales, donde bajo el ropaje de arrepentimiento o arrepentidos “tiraban dedo” no a sus secuaces, sino aquellos que representaban un peligro para ellos, así tenemos el caso de los profesores Ruiz, Gallardo, Milla, profesores lúcidos que no caían en sus bajezas ideológicas, que de Ideología no tenía nada. Pues más tarde los vemos compitiendo con los corruptos asesores y militares del gobierno del 90, los miles de dólares que dejaban las avionetas que aterrorizaban en el Alto Huallaga, producto de los carteles de narcotráfico y se vuelve narcoterrorismo.
Es decir, crece desmesuradamente la corrupción, y entonces la ultraderecha y la ultraizquierda se dan la mano, para garantizar una tercera Reelección, o nos hemos olvidado de eso.
La otra secuela que vivimos es tener profesores con bajo nivel intelectual, pero incondicionales a ser agentes votantes a cambio de recibir favores, como ascensos, grados de maestría y doctor, cuidado de exámenes, cursos en postgrado, etc. Las universidades dejaron de ser centros académicos para convertirse en centros proselitistas de radicales, y de corruptos de “derecha” y de “izquierda” que solo piensan en enriquecerse, antes el catedrático era una persona de gran prestigio social e intelecto. Hoy están tras las autoridades que les garantizan el facilismo de enriquecerse a cambio de votos.
Este desprecio por la moral, la ética y los valores, nos quedan de toda esta época plagada de antis, donde ser correcto, tener autonomía, ser demócrata era un grave error, que tenía que pagar con su vida y lo asesinaban públicamente para que sirva de escarmiento, y por supuesto que la democracia para ellos no existía. Murió el que encabezaba esta subversión y ahora nos queda extirpar estas secuelas, que aún se practican.




