Roba el chico y roba el grande

Como sabemos, somos un país de grandes desigualdades, las mismas que se acrecientan cada vez más. Pero, por otro lado, vemos que las malas tendencias y formas de aprovechamiento del poder se repiten con enorme peligrosidad en todas las instituciones del Estado.

Ya sea rico o pobre, funcionario muy calificado o funcionario sin calificación alguna, terminan robando de la misma miserable manera.

Al parecer, existe en la idiosincrasia de un gran grupo de personas, especialmente en aquellos que llegan a asumir un rol en el Estado, que “todos tienen derecho a robar”. Puede que no lo digan abiertamente, pero con sus actitudes y acciones, aparentemente consideran que, si roban los presidentes, congresistas, gobernadores, alcaldes y con ellos gran parte de sus planas altas de funcionarios, ellos también tienen derecho a hacer lo mismo: robar.

Si roban los gerentes, no es de sorprender que algunos funcionarios de cargos menores, como los obreros o los empleados contratados, se sientan empoderados a hacer lo propio.

Un ejemplo muy puntual es lo sucedido en el hospital Carlos Showing Ferrari, ubicado en Paucarbamba, Amarilis, donde una trabajadora del servicio de cocina fue sorprendida sacando algunos alimentos entre sus pertenencias. Las autoridades dijeron que la pérdida de alimentos fue de manera sistemática. Es decir, una operación hormiga, pues todos los días robaban ciertos productos en pocas cantidades para no ser notado. Todo cuanto había en el pequeño almacén de este hospital, pero tanto va el cántaro al agua, que éste se rompe…

El director, el señor Isaías Huanca Gabriel, al saber esta noticia actuó con firmeza y sancionó a la infractora. Pero se demuestra que hay un problema de control, ¿Qué pasó con el personal de vigilancia? Necesitan una llamada de atención, no es posible que no puedan verificar y controlar lo que sale y lo que entra a esta institución.