​​EL PROFESOR PEDRO CASTILLO PRESIDENTE

Escrito por: Arlindo Luciano Guillermo

El miércoles 28 de julio, el Perú cumple 200 años de independencia; el tan voceado y divulgado bicentenario llegó en medio de la pandemia que es contrarrestada con mascarilla, distanciamiento social, lavado de manos y vacuna, así como una polarización política sin precedentes en la historia republicana. Sin duda, la efeméride no va a pasar desapercibida; habrá celebraciones, festejos, discursos y evocación histórica. El bicentenario se inicia con un profesor rural de primaria, dirigente sindical de izquierda, chotano, provinciano. Estuvo cerca que una mujer de 46 años fuera la primera presidenta en la historia del Perú. Y seguiremos recitando con orgullo y pertenencia los versos de Marco Martos: “Es este tu país,  /  porque si tuvieras que hacerlo,  /  lo elegirías de nuevo  /  para construir aquí  /   todos tus sueños”. O cantar, con el pecho henchido de patriotismo y admiración por el Perú, las letras del vals Mi Perú, compuesto por Manuel Raygada Ballesteros y popularizado por los hermanos Zañartu. “Tengo el orgullo de ser peruano y soy feliz  /  de haber nacido en esta hermosa tierra del sol  /  donde el indómito inca prefiriendo morir  /  legó a mi raza la gran herencia de su valor”.

 

Si solo contamos desde 1980, año de la recuperación de la democracia, secuestrada durante 12 años por la dictadura de Juan Velasco y Francisco Morales Bermúdez, los presidentes de la república tuvieron las siguientes profesiones: arquitecto (Fernando Belaunde), abogado (Alan García Pérez), ingeniero agrónomo (Alberto Fujimori), abogado (Valentín Paniagua), economista (Alejandro Toledo), militar (Ollanta Humala), economista (Pedro Pablo Kuczynski), ingeniero civil (Martín Vizcarra), agrónomo (Manuel Merino) e ingeniero industrial (Santiago Sagasti). No hubo médico, contador, periodista, dirigente sindical, lideresa de una comunidad nativa, barrial o de los programas sociales. Sin duda, un profesional competente, con prestigio y títulos académicos en el gobierno, no garantiza éxito, gran desempeño ni un estadista cabal digno de registro en los anales de la historia. De esos 10 presidentes, excepto Belaunde, Paniagua y Sagasti, todos tienen cuentas pendientes con la justicia por razones de corrupción y vivezas durante el ejercicio del poder. El primer presidente del bicentenario es un profesor de primaria; eso no garantiza que la educación, en los próximos 5 años, sea la mejor del mundo, cercana a Finlandia u ocupar los primeros puestos en las pruebas PISA.  

José Pedro Castillo Terrones (Puña, Chota, 19 de octubre de 1969) es el presidente del Perú desde el miércoles 28 de julio hasta el martes 28 de julio de 2026 cuando los peruanos elijamos al sucesor, si no hay jaques mates, conspiraciones, vacancia por resentimiento político o bloques de oposición obstruccionistas que le ponen peros innecesarios a todo. Pedro Castillo dejó de ser el candidato del lápiz, no va a gobernar en nombre de Perú Libre, ni de Vladimir Cerrón, sino para todos los peruanos sin distinción ni sectarismos. El presidente Pedro Castillo ahora representa a la nación; es el jefe del Estado. Así que en los actos de gobierno y protocolares no exhibirá el lápiz puntiagudo, sino los símbolos patrios, hará reverencia a la bandera bicolor. La contienda electoral, las pullas ideológicas, la terquedad y la confrontación han terminado; ahora empieza la construcción de un régimen que tiene que estar sustentado, impostergablemente, en los consensos, la gobernabilidad, la estabilidad política y la garantía de que el Estado de derecho y la Constitución sean los instrumentos legales y democráticos de gestión. Hay un congreso fragmentado donde, con habilidad y sinceramiento (aunque en política es difícil ser sincero), se tienen que generar alianzas políticas y programáticas. Keiko Fujimori pudo haber sido la primera mujer presidenta del Perú, pero se quedó en el tercer intento, peleando inútilmente por actas impugnadas que le hubieran dado votos suficientes para revertir los resultados de la ONPE. Un profesor de primaria le ganó las elecciones con menos votos que en las elecciones anteriores. ¿Postulará una cuarta vez? Nadie lo sabe. En política no debemos olvidar tres “principios fácticos”: todo es posible, no hay cadáveres, ninguna concesión es gratuita. La política en el Perú es maquiavélica, con actitud de adolescente y escasa inteligencia emocional.    

El fraude en mesa, la falta de legitimidad del presidente de la república y la sutil “amenaza” de una oposición dura e intransigente (que lo será en el congreso) deben dar vuelta la página y propiciar democráticamente acercamientos “sin rencores” ni “vindictas políticas”. Cinco años de gestión se van rápido como los meses de campaña de la segunda vuelta. El presidente Pedro Castillo, junto a su gabinete, aliados y ciudadanía, tiene que construir legitimidad, gobernabilidad y equilibrio de poderes.  La campaña y el linchamiento mediático contra Pedro Castillo es parte de la historia (o mejor de la histeria política); ahora viene lo más complicado y difícil: cumplir las promesas electorales, que el discurso en las calles y plazuelas se conviertan en hechos concretos, en obras públicas, en resultados mensurables en educación, saneamiento básico, empleo, salud, mejora de la calidad de vida de los ciudadanos. Una cosa es con guitarra; otra, con cajón. El Estado, que representa el presidente de la república, debe estar al servicio del ciudadano. Sin duda, así será. Desde este 28 de julio, los profesores Pedro Castillo y su esposa Lilia Paredes Navarro, junto a sus tres hijos, son los nuevos inquilinos del palacio de gobierno. El electo presidente tiene que dejar atrás la beligerante segunda vuelta, concentrarse en el complicado presente y visionar lo que hará en el quinquenio. Las expectativas en él son del tamaño de una montaña o de un rascacielos. Ni “profe”, ni “prosor”, sino profesor Pedro Castillo, presidente Pedro Castillo.