EL PERÚ DE CARA AL BICENTENARIO GRANDES DESAFÍOS DE LA ECONOMÍA PERUANA

Escrito por:  Edu Acosta Sobrado

Este 28 de julio nuestro país cumple doscientos (200) años de independencia. Sí, doscientos (200) años. El tan ansiado y «distante» bicentenario está a la vuelta de la esquina. Esa fecha mítica, trascendental, ‘el gran hito’ de nuestra historia republicana está a días de distancia; lamentablemente, no podemos decir lo mismo de los objetivos y metas que nos trazamos.

Decir que el Perú está lejos del país idílico que anhelábamos para el bicentenario sería insuficiente. Con una economía deprimida, una institucionalidad débil, indicadores sociales estancados y una permanente inestabilidad política; el Perú del bicentenario pareciera estar más cerca del país relegado de los 80’s que del que pretendía entrar a la OCDE.

Pero, ¿A qué se debe que nuestro país esté tan lejos de sus propias metas?, ¿Qué hizo que el modelo peruano resultara más débil de lo que parecía?, ¿podemos atribuirle toda la culpa a la crisis ocasionada por la pandemia?

En mi opinión, esta crisis ha permitido que la mayoría de las repuestas a estas preguntas se encuentren frente a nuestras nariceslamentablemente en economía lo que para algunos parece ser evidente, para otros resulta particularmente difícil de percibir.

Las fortalezas del ‘modelo peruano’

Para nadie es un secreto que las fortalezas más importantes de nuestra economía se encuentran en las variables macroeconómicas, así pues, en los 27 años previos a la pandemia (1993-2019) el PBI registró un crecimiento promedio anual de 4,8%, lo que permitió que entre el 2000 y 2019 las Reservas Internacionales Netas (RIN) del Perú se duplicaran, pasando de representar un 18% del PBI a un 36%; además, durante los mismos años la deuda externa del Perú prácticamente se redujo a la mitad (de 48,3% a 26, 8% del PBI), lo que a su vez permitió que los intereses del sector público se redujeran de 9.1% a 1.5% del PBI.

Bonanza macroeconómica y malestar microeconómico

Si bien el modelo peruano siempre se ha mostrado al mundo como un modelo sólido y exitoso, la reciente crisis ocasionada por la pandemia ha desnudado sus más profundas contradicciones, permitiéndonos ver que nuestro país tiene deficiencias tan grandes y variadas como que hay un gran porcentaje de personas que aún no tienen acceso a servicios básicos (el 23% de peruanos no tienen acceso a agua potable), que la informalidad en el Perú prácticamente no se redujo en la última década (pasó de 77,1% en 2010 a 71,6% en 2019), que nuestra clase media es enormemente frágil (un 30% de personas no pobres se encuentran en situación de vulnerabilidad), y un largo etcétera del que no puedo dar cuenta para evitar extenderme demasiado.

En busca del desarrollo

Por consiguiente, si bien es cierto que hasta antes de la pandemia nuestro país mostró una mejoría en comparación a años anteriores, y que gracias a la relativa estabilidad económica mantenida por los últimos gobiernos gozamos de fortalezas macroeconómicas importantes, es fundamental generar un cambio en la concepción de desarrollo que rige nuestro modelo.

No podemos seguir posponiendo el desarrollo en nombre de una falsa dicotomía entre lo social y lo económico. Ya es hora de que nuestras fortalezas macroeconómicas se transformen en beneficios palpables para la población, ya es hora de que entendamos -de una vez por todas- que crecimiento no es igual a desarrollo.