En las últimas dos semanas, el Poder Judicial de Huánuco ha emitido sentencias ejemplares para violadores de menores de edad y personas con discapacidad. Increíblemente, pareciera estar incrementándose los actos de agresión sexual contra esta población tan vulnerable. No cabe duda que los hechos merecen la máxima pena para estos monstruos, que terminaron destrozando y hasta quitando la vida a una de estas menores.
Uno de estos execrables hechos fue realizado por el “Monstruo de Marambuco”, sujeto identificado como México Abel Arratea Allpas, quien ultrajó y asesinó a una menor de sólo cinco años.
Otro desgraciado sujeto es Reynaldo Pérez Rivera, quien violó a una menor de 11 años, en Pampamarca en el distrito de San Pablo de Pillao. La familia del violador pretendiendo que no se realice la denuncia, ofrecieron S/200 para supuestamente cubrir el “daño”. Penosamente, estos no fueron sancionados.
Julio Francisco Olivas Tarazona es otro aberrante sujeto que ultrajó a un menor de edad. En este caso se trató de un niño de sólo 10 años.
Categóricamente señalamos que estos monstruos merecen lo peor de las peores penas, y viviendo dentro de un marco de ley y de justicia, en nuestro país la pena máxima es la cadena perpetua.
Si bien es cierto que las sentencias interpuestas por los juzgados correspondientes han sido ejemplares, por supuesto, también, la labor de defensa de la fiscalía a las víctimas. Pero deberíamos preguntarnos ¿Cuál es la raíz del problema?
¿Acaso con estas sanciones generemos un ejemplo suficientemente poderoso como para persuadir a otros “miserables” a no cometer estos hechos? Tristemente hemos visto que esto no evita que estos sujetos actúen de esta manera. Es como los que practican la corrupción, a quienes no les importa cuán alta sea la condena a la que se puedan enfrentar mientras sigan percibiendo un beneficio personal. Sólo después que han sido atrapados es cuando se arrepienten.
Regresando al punto, identifiquemos el problema de raíz. Algunos de ellos, nos atrevemos a decir, son la falta de empatía y ni qué decir de la pésima calidad educativa. Dicho esto, ¿Cómo cree usted que podríamos mejorar estos puntos?




