Escrito por: Arlindo Luciano Guillermo
Mario Vargas Llosa, laureado novelista, Premio Nobel de Literatura, enemigo acérrimo, hasta hace poco, del clan Fujimori, defensor del liberalismo mundial, invita a Keiko Fujimori a un foro internacional en Quito donde se debatirá y tomarán acuerdos para resguardar la democracia de América Latina, más precisamente del Perú cuya amenaza flagrante es Pedro Castillo. No siento desilusión, pero sí fastidio, enojo y ganas de incinerar las novelas de MVLl como hicieron con los libros de caballería de Alonso Quijano porque le habían provocado enajenación y locura. Sin embargo, tolero, comprendo que tiene la libertad de defender a quien quiera y como quiera. Mario está en todo su derecho de respaldar, mediáticamente, según sus convicciones políticas y temores personales. No creo que sea un acto democrático despojar a Mario Vargas Llosa del doctorado Honoris Causa que alguna vez le otorgó la UNMSM, su alma máter. La intolerancia, con ingrediente político, es una puerta abierta para el fanatismo y la estupidez.
¿Keiko Fujimori es un ilustre paradigma para hablar de democracia, libertad de prensa, transparencia en el poder, derechos humanos y tolerancia? El gobierno de Alberto Fujimori es un episodio doloroso, indignante, de felonía, sordidez y corrupción. Fue elegido para cinco años y se quedó diez. ¿Lo hemos olvidado? Remató las empresas públicas a precio de subasta y ganga. ¿Lo hemos olvidado? El Rasputín del régimen fue Vladimiro Montesinos, juntos, como en aquelarre siniestro, urdieron el golpe de Estado del 5 de abril de 1992. ¿Lo hemos olvidado? Los asesinados de La Cantuta y Barrios Altos siguen clamando justicia. ¿Lo hemos olvidado? Vladimiro era el titulador, editorialista y guionista de los medios de comunicación (escritos, radiales y televisivos) sometidos servilmente por dinero al régimen de facto para atacar, pulverizar y desacreditar enemigos y opositores políticos y magnificar, hiperbólicamente, la gestión de Fujimori. ¿Lo hemos olvidado? La compra de congresistas, conciencias y manipulación desde la “salita del SIN” para perpetuarse en el poder por más de veinte años. ¿Lo hemos olvidado? Dijo no al shock económico, pero lo hizo como extraer un diente sin anestesia. ¿Y las esterilizaciones forzadas de mujeres de zonas rurales es una ficción literaria, digna del talento fabulador de Mario Vargas Llosa? ¿También nos hemos olvidado o estamos confundiendo historia con ficción? La democracia se fortalece con la verdad, la justicia y desechando ese maquiavélico precepto político de impunidad: “borrón y cuenta nueva”. ¿La hija de un dictador tiene autoridad moral para dar lecciones de democracia, lucha contra la corrupción, independencia de poderes, libertad de expresión y respeto por la dignidad de los ciudadanos peruanos? Mario, a usted lo leo desde mis años escolares, sigo leyéndolo con deleite y pasión y lo haré hasta que deje de escribir por la ley de la vida. No es lo mismo escribir poesía y ficciones literarias que asumir una posición política sabia, sensata y atinada en medio de un pandemonio electoral. La amnesia histórica es peligrosa. La impunidad debilita los pilares de la democracia y convierte, aún más, la política en un escenario y una práctica altamente infecciosa y maloliente.
Pedro Castillo -profesor como yo, tarea que desempeño con orgullo, dignidad y responsabilidad, pues me esmero en educar ciudadanos- tampoco es santo de nuestra devoción. De él se dice de todo: improvisado, terruco, alérgico a la lectura, lejos de ser un orador elocuente, aventurero, hijo putativo de Cerrón, prisionero de Perú Libre, extraviado en su propio laberinto sin saber qué hacer; encarna vivamente la izquierda adolescente, inestable, fragmentada, con inmadurez notable, con aliados igual de peliches que creen que Lenin y Mao están vivos. Si no reacciona oportunamente (en política se actúa de inmediato) para dar a conocer una ruta concreta de gobierno, el equipo técnico plural sin la demencia de instaurar el absurdo comunismo en el siglo XXI en el Perú y el tajante (o inteligente) deslinde con el patrón de Perú Libre aún podría ser una opción electoral viable y la guerra aún no estaría perdida. Por ahora, ni uno, ni otro. Si la izquierda quiere ser gobierno y llegar al poder tiene que aparecer, necesariamente, un líder de la talla y personalidad de Alfonso Barrantes Lingán quien logró representar a la Izquierda Unida, enfrentar al APRA y a Alan García en 1985. Ni la K ni el lápiz puntiagudo y con borrador rojo en la cabeza inspiran, ni persuaden confianza; son caimanes del mismo pozo. La cultura chicha, la ciudadanía precaria y el escaso interés por la política con reflexión, acción y no de espectador y pensamiento crítico nos han conducido, casi por inercia, a este escenario de balotaje; solo un psicoanalista podría sugerirnos algo para tomar una decisión correcta. Según Jorge Bruce (En: La República, 10-05-2021), estamos ante un conflicto de evitación-evitación que consiste en tomar una decisión en medio de una tremenda incertidumbre y una “disyuntiva cruel”, pues “ambas son indeseables”.
El talentoso novelista y el lúcido intelectual están lejos del errático político, contumaz para recomendar presidentes de la república que dejaron palacio de gobierno contaminados de corrupción y escándalos. La grandeza y trascendencia de un escritor está en la coherencia firme e insobornable. Un lector de Vargas Llosa no necesariamente es un acólito, un prosélito, ni liberal, ni piensa como él. Es pertinente separar la paja del trigo. Literatura y política es equivalente a periodismo y poder: la distancia es corta; el acercamiento, un riesgo. Seguramente, como muchos, me pregunto, ya con serenidad, por qué Mario Vargas Llosa se empeña obsesivamente en defender a Keiko Fujimori y el “actual modelo económico”, a una candidata con cuentas pendientes con la justicia por lavado de activos y otros delitos que investiga aún el Ministerio Público. Mi admiración, respeto y gratitud por Mario. Las noches de insomnio leyendo sus novelas y ensayos están por encima de sus opciones políticas. Las elecciones terminan el 6 de junio y la historia continúa. No soy borrego de Vargas Llosa, sino su lector de siempre.




