¡TA! ¡TA! ¡TA! ¡TA! ¡TA!

Por: Arlindo Luciano Guillermo

Rubén Aguirre Fuentes, el celebérrimo profesor Jirafales, falleció. Tenía 82 años, muchos de ellos infaltablemente en la serie El Chavo del 8. En nuestra memoria y en la retina está la imagen del profesor enamoradísimo, con un ramo de rosas, un puro entre los labios, sombrero y un suspiro que le arranca inevitablemente doña Florinda, la vieja chancluda. Quico cuando se distrae o de modo intencional le dice “papi”. El profesor Jirafales ahora está junto al Chavo y don Ramón. Sobre la vejez y la vida dijo categóricamente: “Más triste es no llegar a viejo Yo he tenido una larga vida que no me ha decepcionado: tuve padres que me guiaron, hermanos con buen humor, un trabajo que me encantó, y donde cumplí mi sueño dorado que era ser actor de comedia.” Solo quedan vivos doña Florinda, el señor Barriga, la Chilindrina, Quico y el señor Barriga.
El profesor Jirafales en la escuela enseña a los niños de la vecindad, con paciencia, con medios didácticos básicos. Soporta las bromas, curiosidades, preguntas impertinentes y respuestas descabelladas que sacan de sus casillas al maestro Longaniza. El profesor Jirafales puede amenazar con no dejarles salir al recreo, pero finalmente salen. El trabajo pedagógico con esos niños es una gran hazaña, que implica tolerancia, autoridad en el aula, subir el tono de la voz cuando sea necesario, utilizar medios didácticos prácticos, porque la picardía y habilidad para distorsionar conceptos y realidades están a flor de labios de los estudiantes. Pero el profesor Jirafales los quiere, los estima, porque son ellos la razón del ejercicio docente. ¿Cuántos docentes tienen estudiantes como los niños de la escuelita del profesor Jirafales?
La serie El Chavo del 8, a pesar de los años transcurridos, sigue en la programación de la televisión. No pierde encanto ni frescura. Pareciera que algo nuevo estuviéramos viendo. Ahí está el niño pobre, con hambre eterno, ingenioso y despierto, huérfano; otro niño, hijo de un marinero muerto, engreído, torpe, chillón, a quien doña Florinda cría con mucha permisibilidad y engreimiento; otro niño, Ñoño, hijo del ricachón señor Barriga, dueño de la vecindad, que presume de ser afortunado, tener todo, pero siempre es víctima de los golpes y bromas del Chavo; una niña, Chilindrina, vivaracha, intrigante, compañera de travesuras del Chavo y Quico, hija de don Ramón, inquilino precario e insolvente, moroso, amante del ocio y amor plantónico de la Bruja del 71. Las escenas de El Chavo del 8 tienen vitalidad vigente, cuya razón radica en la creatividad, el rescate del lenguaje popular mejicano, la construcción de personajes paradigmáticos para América Latina y en la chispa cómica en el libreto. Roberto Gómez Bolaños, Chespirito, como Cantinflas o Charles Chaplin, es un genio de la dramaturgia televisiva y un guionista admirable e inacabable, a pesar de que ya no está entre nosotros.
Rubén Aguirre (15 de junio de 1934, Saltillo, Méjico) ha inmortalizado a inolvidables personajes. El de mayor trascendencia (e inmortalidad mientras haya niños y adultos niños) es el profesor Jirafales, el abnegado maestro de la escuela a donde asisten el Chavo, Ñoño, Quico, la Chilindrina y Godínez. Tiene paciencia proverbial, se controla emocionalmente antes que agredir, maltratar o ridiculizar al estudiante que responden mal, no sabe, aprende lento o se muestra gracioso. Aprecia a sus estudiantes, pues, al final de cuentas, son niños. El sargento Refugio Pazguato, empedernido enamorado de Marujita, hace de todo para estar al lado y pendiente de la fémina. La defiende, incurre en contradicciones cuando la intriga está por resolverse, muestra una alegría notable cuando sabe que Marujita está en el hotel, donde trabajan el Chompiras, la Chimoltrufia y el Bojita, y, más aún, cuando se encuentran frente a frente. Se atonta, la halaga, pero ella siempre saca provecho de cada circunstancia y siempre se muestra esquiva. Lucas Tañeda es el socio perfecto para Chaparrón Bonaparte. Ambos están locos de remate, chiflados, viven una realidad distinta a sus pensamientos. Sus ocurrencias ingenuas arrancan risas y carcajadas.
La muerte es apenas el tránsito a la leyenda y la inmortalidad de personajes tan famosos, admirados y queridos por los televidentes, lectores u oidores. Siempre estarán eternamente en la memoria colectiva, los cómicos y comediantes del cine y la televisión. Cantinflas nos hace reír, carcajear, hasta lagrimear. El infinitivo “cantinflear” significa “hablar de forma disparatada e incongruente y sin decir nada.”. Por tanto, Cantinflas es un ciudadano que tiene los pantalones en la cadera, caídos, un bigotillo que apenas pinta en las partes laterales de los labios superiores. Cantinflas es el que habla de modo enredado, redundante, risible. El profesor Jirafales representa el desempeño docente en condiciones desfavorables para un aprendizaje rápido y significativo porque tiene estudiantes con diferentes ritmos de aprendizaje; además, la indisciplina en el aula es provocada por las bromas y la ambigüedad. Calma la situación cuando el profesor Jirafales levanta la voz y el Chavo sigue hablando, generalmente algo que incomoda al profesor y provoca risa en los demás.
El profesor Jirafales quedará como un grato recuerdo en nuestros recuerdos infantiles. No evocaremos al ingeniero agrónomo o al torero, sino al galanteador de doña Florinda, al cándido enamorado de Marujita, al fiel compañero de Chaparrón y, principalmente, por enseñar a los niños de la vecindad. El entrañable profesor Jirafales está en nuestra memoria para siempre. Casado con Consuelo, 1.92 de estatura, 7 hijos y 16 nietos. Ha partido Rubén Aguirre, pero El Chavo del 8, el encanto de niños y adultos, seguirá difundiéndose a través de la televisión. En 2012, le dijo a Maribel Toledo Ocampo, reportera de Día D: “No tengo lujos, no soy millonario, no soy rico, pero vivo bien.” Más adelante afirma: “Me gustaría que me recuerden como una buena persona.”
Han pasado muchos años, y seguimos viendo El Chavo del 8 con la misma emoción del primer capítulo, admiramos el genial talento de Chespirito, recordaremos con nostalgia y gratitud las ocurrencias y actitudes del profesor Jirafales. Los personajes de Chespirito han quedado sellados en nuestra memoria, han cruzado fronteras y el castellano mejicano de El Chavo del 8 fue traducido a muchas lenguas. Adiós, inolvidable, profesor Jirafales.