Escrito por: Denesy Palacios Jiménez
Empezó la guerra sucia a raíz de la segunda vuelta electoral en Perú, siempre dijimos que el pueblo es el protagonista de su propia historia, y no tiene fin inevitable ni tampoco se espera vaticinios, pero las ciencias sociales tienen la facultad de poder comparar fenómenos sociales, políticos, culturales, es tiempo de darnos cuenta que el resultado de las elecciones es el reflejo de la situación en la que se encuentra la mayoría de peruanos, es decir, la gran mayoría olvidados; y eso se ha dado desde el establecimiento de la República. Hoy ad portas de conmemorar el Bicentenario, surge una fuerza desde el interior del país, porque solo en Lima ganó López Aliaga, mientras que Castillo fue ganador en 16 regiones, y claro, hoy es la gran sorpresa para nuestros conciudadanos limeños, porque llama la atención la forma simple de expresarse, porque no maneja los conceptos de la macroeconomía y aduce que para eso están los colegios profesionales, y la verdad tiene mucha razón.
Aquí viene el análisis, si los profesores del magisterio tienen esa forma de expresarse, es producto de la educación que se imparte en las Instituciones Educativas estatales, a manera de ejemplo, los docentes universitarios nos damos cuenta cuando un estudiante proviene de las zonas alto andinas o amazónicas, por su dejo y su forma de expresarse, y eso es el resultado de la gran brecha entre el mundo rural y el urbano, y entonces no podemos aislar a este joven estudiante, muy por el contrario, debemos motivar para que pueda estar en las mismas condiciones que sus compañeros que vienen de las ciudades, y lógicamente, quienes viven en las ciudades, han tenido mayor acceso a la información, tienen mejor dicción para expresarse, y al finalizar la carrera nos damos cuenta que el gran esfuerzo realizado por estos jóvenes valió la pena.
El problema de menosprecio a lo nuestro viene desde las ordenanzas del Virrey Toledo y desde el sofocamiento de la sublevación de Túpac Amaru II, donde nuestros ancestros no podían expresarse en su lengua, ni adorar a su Dios, ni reunirse para cultivar sus costumbres, porque todo eso era vedado; pero sí debían venir y servir a cuanto blanco había llegado, entonces no podían levantar su mirada hacia ellos, porque eran duramente castigados, debían mostrar sumisión y obediencia, y ahí tenemos que durante muchos años nuestra autoestima estuvo por los suelos.
Cuando hablamos del sistema político y económico imperante, y la forma como se ha establecido en estos doscientos años de vida republicana, no nos dábamos cuenta que el propio sistema estaba cavando su propia tumba, porque cada vez aparecía con mayor fuerza la corrupción, y los que quieren enriquecerse sin mayor trabajo, para así poder blanquearse, ese es el signo más grande del agotamiento de un sistema caduco, porque si preguntamos dónde se presentan los más altos índices de corrupción, encontramos que están en los operadores de justicia (jueces, fiscales, policía, congresistas, autoridades, gobernantes etc.). Estamos hablando del agotamiento, y la necesidad de una gran transformación, y según los estudiosos de la naturaleza del conflicto, este no es malo, este indica la necesidad de atender lo que no se atiende, y ello se consigue con la gran transformación. Pues al estar los votos tan diseminados mayormente entre los grupos que dicen ser de derecha o la llamada derecha, y los pocos con tendencia de izquierda. Han determinado que un 30 por ciento de la población peruana sean los que nos lleven a la segunda vuelta, porque solo Alfonso Barrantes, para que el país no se perjudicara más con una segunda vuelta renunció a ella, qué difícil sería solicitarle a la Sra. Fujimori que nos evite ese gasto que va en contra del pueblo, cuando ha soñado con ser la primera presidente mujer del Perú, y no porque quiera a los peruanos, digo esto porque cuando la congresista Ponce de Ancash ofrecía a su pueblo obras, Kiko la calló y le dijo que no tenía porqué prometer eso, y la otra le replicó que eso beneficiaría a cientos y miles de trabajadores, la respuesta fue contundente y a mi que me importa que beneficie a mil o a diez, y esas voces quedaron flotando y llegan hoy como eco al pueblo.
Finalmente, debemos ser conscientes que la universidad ha perdido el rol protagónico de formar líderes para que gobiernen en favor de su pueblo, los planes curriculares en su gran mayoría refuerzan el individualismo, y son fiel copia de una y otras universidades, sin tomar en cuenta las realidades de cada región, pues si las universidades forman a los profesionales para que solucionen los problemas del país y las regiones, tendremos que cumplir este reto, porque lo que se precisa es innovación política para la gran transformación del país.




