Las graves denuncias del comisionado de la Defensoría del Pueblo, Pier Marzo, sobre cobros que algunos malos docentes de la Unheval estarían haciendo a los alumnos por aprobar sus cursos, no son cosa nueva, siempre lo han hecho, pero casi nunca, fueron denunciados. Han tenido que aparecer valientes alumnos para sacarlos a la luz.
Si le sumamos a estos cobros, los chantajes sexuales a las alumnas, la cosa es más grave aún; si bien es cierto que existe una gran falta de responsabilidad de algunos alumnos que poco o nada les interesan algunos cursos, y, al final de ciclo, los quieren aprobar para reportarse bien ante sus padres, ya que también es una constante, verlos en las bancas y jardines matando el tiempo a palos, como decía el buen maestro Adalberto Giles, o, en parejas frecuentando los bares cercanos a la primera casa superior en vez de concurrir a sus clases cotidianas por más que no les agrade algún curso.
Todo esto no justifica que al final corrompan a los profesores, ofreciéndoles pagar para aprobar un curso, salvo que existan docentes cara duras que busquen a los desaprobados ofreciendo “una solución”.
Bueno, en este valle existe de todo y las elecciones pasadas nos han dejado muchas denuncias de corrupción que dejan huella, pero deberían establecerse duras sanciones como la expulsión de estos docentes de probarse estas inmoralidades.



