EXISTENCIALISMO Y TIEMPOS DE PANDEMIA

Escrito por: Ronald Mondragón Linares

 El ser humano se encuentra en el mundo atado a ciertos “determinismos”: la muerte, el amor, el fracaso amoroso, la enfermedad, la vejez. Incluso se podría definir al hombre como el ser para la adversidad. Y en estos momentos-no debería, pues, ser motivo de extrañeza- nos encontramos a plenitud en medio de una adversidad más, como las señaladas más arriba, aunque con componentes más aciagos y dramáticos: la crisis generalizada ocasionada por una pandemia.

Me parece un mal favor el que se ha hecho al existencialismo: en el imaginario colectivo, los filósofos y las personas existencialistas son vistas como personas extrañas, casi excéntricas, de vida gris y taciturna como el invierno, como la barba crecida, el sobretodo y la bufanda al viento de la tarde. Se diría que son despreocupadas y hasta negligentes, casi carentes de responsabilidad en la vida. Pero nada más lejos de la verdad, si nos atenemos al auténtico contenido de la doctrina existencialista.

Para el existencialismo, el deber moral del hombre es imponerse a cualquier determinismo, a cualquier adversidad; tiene una obligación consigo mismo, con la humanidad y con el mundo. Dado que, invariablemente, el hombre es un ser acuciado por la adversidad de todo tipo, un ser-para-la-muerte en la definición de Heidegger, su obligación radica en proponerse un proyecto, vale decir, en plantearse la realización de ciertos actos conscientes y significativos sobre el mundo. En otras palabras, hacernos cargo de la realidad a través de lo que se conoce como hallarle el sentido a la existencia. Pero este hallazgo de sentido no consiste solo en un buen deseo, ni menos aún en un atemporal y externo mandato divino; es una conquista y está lleno de actos, en el día tras día, en un cotidiano y esmerado hacer.

De estas y otras consideraciones trata la “Guía existencialista para la muerte, el universo y la nada”, de Gary Cox (Alianza Editorial,2020), donde el autor pone claramente de manifiesto que el existencialismo, lejos de las filosofías esencialistas y alejadas de la realidad, es una filosofía para la acción y para la vida. Una filosofía para el hoy, para el presente y que cuestiona lo que sucede a nuestro alrededor.

Nos sobrecoge, amenaza y lastima las implicancias infaustas de esta pandemia. El existencialismo propone actuar. Ser conscientes de que nuestro destino está unido a nuestras circunstancias, pero estas no lo determinan irremediablemente.

Una mesa o una planta depende de manera total de las circunstancias; pero el hombre tiene capacidad de decidir, de actuar y operar sobre sus circunstancias, por más difíciles y graves que sean. En ese sentido, los seres humanos somos creadores.

Y lo somos porque trasponemos el umbral de la Nada-concepto fundamental de la doctrina- y a través de un proyecto y la realización efectiva de nuestras posibilidades podemos actuar con entereza sobre el mundo, es decir, tenemos la facultad de decidir.

Al decidir, entramos en contacto con otro concepto existencialista fundamental: la responsabilidad, que lleva en definitiva a la libertad. Y aquí entra en juego la dinámica existencial que nos hace libres; la vida nos coloca constantemente ante la toma de decisiones, lo cual implica elección y esto a su vez nos hace responsables de las consecuencias de nuestros actos.

La crisis de la pandemia ha puesto a mucha gente ante situaciones-límite, la enfermedad y la muerte. El confinamiento ha puesto en tela de juicio nuestra libertad y también ha trastornado la conciencia. Peor aún, ha recluido a millones de personas entre los lóbregos barrotes de la miseria, ante un horizonte opaco como porvenir. Ha puesto en evidencia la mirada de los otros, en el lenguaje de Sartre, la fatuidad y la pobreza de las relaciones humanas dentro de un sistema social y cultural perverso.

Sin embargo, las adversidades son más que un aliciente para los existencialistas. Es la constatación de sus postulados. Quien quiera darle la espalda a la adversidad como si no existiera, quien quiera rehuir su responsabilidad, cae en un concepto aborrecible para la filosofía existencialista: la mala fe, la inautenticidad.

Al existencialismo-acordémonos de Sartre, Beauvoir, Heidegger, Camus-solo le interesa y le conmueve lo concreto y humano. No podemos dejar de hacer, dejar de actuar. Salgamos de la Nada, una forma de la muerte, y luchemos por realizar nuestras posibilidades. Aun en las peores condiciones, en las más duras circunstancias, nos es posible darle un sentido concreto a la existencia: estar alerta, tener esa ansiada lucidez ante nuestro porvenir.