A woman walks through the Burlington Arcade adorned with Christmas decorations, amid the coronavirus disease (COVID-19) outbreak, in London, Britain, November 23, 2020. REUTERS/Henry Nicholls

Editorial. Las fiestas sin fiestas

La más grande celebración a nivel universal que realiza el hombre es recordar el nacimiento del hijo de Dios, Jesús, a quien todo el mundo o gran parte de él, rememora y recuerda con mucho cariño y devoción.

Como sabemos, esta celebración se da en todas las ciudades, se construyen réplicas de Belén, lugar donde según la historia nació Jesús, acompañado de José y María, su madre.

Esa demostración de amor, de unidad y de cariño es el gran legado que nos dejó la divina familia y que por generaciones se ha tratado de seguir en todas las ciudades. Durante estas fiestas, tradicionalmente las familias se unen, los abuelitos, los padres, hijos, nietos, sobrinos y toda la familia en una fiesta de amor y de compartir. Pero desgraciadamente este año no se podrá cumplir con esta tradición. La segunda ola de la pandemia está cada vez más presente en nuestro país y región. Dicho esto, es un riesgo muy alto el reunir a toda la familia, debido a que muchos de ellos podrían ser vulnerables. La canciller alemana, Angela Merkel, dijo algo muy crudo y real, “si las próximas navidades pasamos sin nuestros abuelos es porque algo malo hicimos”.

Lo principal es que pasemos en armonía y tranquilidad estas fiestas, tal vez no en el mismo cuarto con nuestros abuelos y padres, pero con la misma intención de unión y armonía para con nuestras familias.

Que no nos quite la alegría el virus asesino del coronavirus, en el seno familiar siempre tratemos de recordar a Jesús y pidiéndole por nuestra la salud de nuestros padres, hermanos, hijos y toda la humanidad.

Tal vez no se podrán disfrutar las fiestas como quisiéramos; sin embargo, recordemos que lo más importante es tener el don de la vida y la familia, es el regalo más grande que uno podría tener.

El gobierno ha decretado no laborable los días 24, 25 y 31  de diciembre y 1 de enero para evitar un contagio masivo en reuniones familiares. Debemos entender que la norma es de prevención obligatoria. Sigamos la palabra de Dios que decía, cuídate que te cuidaré.

Ya es tiempo de dejar las irresponsabilidades, evitemos más muertes, más contagios, más penas y llantos. Con sólo cuidarnos y evitar salir a las fiestas o reuniones, estaremos cuidando a nuestros seres queridos.