Una franja más al tigre, reza el viejo adagio y se refiere a la piel del tigre plagada de manchas y que resultaría imposible detectar la presencia de una nueva. Dicha frase se acopla perfectamente al referirnos al manejo fiscal y judicial de casos de denuncias como de exautoridades, que por lo general terminan pasando inadvertidos. Esto debido a que el 98 % de las denuncias terminan siendo archivadas y los involucrados no encuentran condena alguna. Curiosamente, aun a pesar de existir escandalosas pruebas que demuestren lo contrario.
El dinero tiende a brindar ese poder de impunidad, es por ello una de las razones del porqué la corrupción continúa más presente que nunca en nuestro país. Muchas autoridades roban hasta el céntimo posible e imposible, para después poder “arreglar” sus “chillas” en la denominada “justicia”.
La historia del Perú nos demuestra el poco número de autoridades y exautoridades involucradas en casos de corrupción que han terminado en la cárcel. Definitivamente, esta cifra parecería haberse duplicado en tan solo los últimos cinco años debido a la valentía de ciertos fiscales; sin embargo, el nivel de impunidad es más que sorprendente.
Buenos jueces y fiscales hay, por supuesto, pero definitivamente son pocos.
No es para nada un secreto que muchos de estos personajes terminan también gastando ingentes cantidades de dinero contratando reconocidos bufetes de abogados, los cuales definitivamente son clave para que el cliente no termine preso.
Vemos también que ha sucedido y sigue sucediendo en todos los niveles, desde la presidencia de la República, hasta gobernadores regionales, alcaldes, congresistas, y todo cargo público que cuente con algún poder decisión.
¿Estamos lo suficientemente cómodos mirando desde nuestros balcones estas escenas de impunidad? A muchos definitivamente nos indigna, sin embargo, pocos o casi nadie quiere denunciar las cosas.




