El sector agrario no es para nada ajeno al plan de reactivación económica de nuestro país. Somos un país netamente agrícola desde nuestras raíces y, gracias a ello, las principales ciudades cuentan continuamente con productos, fruto del trabajo de los agricultores y ganaderos.
Recordemos que el poblador de la zona rural vive a expensas de su pequeña inversión para sembrar tubérculos, verduras, hortalizas y frutales.
Pero con la pandemia, muchos de ellos tuvieron dificultades tanto en la cosecha como en la siembra. En algunos lugares, el transporte no pudo llegar oportunamente y, como resultado, las cosechas se terminaron perdiendo. El capital de trabajo que tenían para reinvertir se terminó pudriendo en sus chacras.
El ministro de Agricultura ha anunciado que para la primera semana de octubre entrarán en funcionamiento los créditos del FAE-Agro. La iniciativa es positiva, definitivamente, para los agricultores, pero se está tardando demasiado en llegar a ellos.
Recordemos que los campesinos trabajan en función a las estaciones del año. La siembra y cosecha por lo general están relacionadas a los periodos productivos, primavera-verano y otoño-invierno. No solo han perdido capital, sino también tiempo.
Ya se avecinan las épocas de lluvias y para el campesino pasó la temporada del sembrío que es entre junio, Julio y agosto, para aprovechar justamente las lluvias. Se podría también sembrar antes o después de esta temporada, pero sin lluvias no habrá buenas cosechas. Importante tener en cuenta la diferencia entre los climas de la costa y de la sierra.
Por otro lado, ojalá que nuestros hermanos del campo de Huánuco, Yarowilca, Pachitea, Ambo y otros más puedan acceder a estos créditos. Que no suceda lo mismo con los programas Reactiva Perú que el 90 % del capital terminó en manos de las grandes empresas. El apoyo debe llegar, por supuesto, pero también tiene que ser oportuno.




