Congreso evaluará una segunda denuncia constitucional contra Héctor Becerril

“Una investigación exhausta”

Escrito por: Jorge Farid Gabino González

Escritor, articulista, profesor de Lengua y Literatura

¿Habrá cabeza, por muy despoblada que sea, en la que no quepa que este triste espectáculo que venimos sufriendo en los últimos días por culpa de nuestra llamada clase política no sea, en el fondo, ni más ni menos que eso: un triste y deprimente y patético espectáculo? Porque, se la mire por donde se la mire, incluso tapándose un ojo, una total y completa farsa es lo que es. Una lamentable bufonada en la que los protagonistas, para variar, son precisamente los que, por razones que ni siquiera hace falta mencionar, deberían caracterizarse por ser los sensatos de la historia; quienes exhiban cuando menos un poco de necesaria y urgente cordura (los tiempos que vivimos, claro está, no podrían demandar otra cosa de nosotros), y no insufribles remedos de actores de reality show tercermundista, de esos que, sabiéndolo o no, siguen a pie juntillas un escabroso guion maquinado entre las sombras, que es en lo que a fin de cuentas parecen haberse convertido.

Pues bien, tampoco es que esperemos tanto de nuestros políticos, desde luego. Es más, razones para esperar lo peor de estas gentes las tenemos de sobra. Que aquí nadie es tan cojudo como para que a estas alturas del partido esté haciéndose ilusiones respecto de lo que se podría esperar de estos impresentables. Con todo y con eso, no puede dejar de sorprendernos el constatar, una vez más, que a la mayoría de las sabandijas que para desgracia nuestra dirigen el país, les importa un maldito carajo el que el Perú sea en estos momentos el país con la mayor mortalidad del mundo por COVID-19; que millones de personas hayan perdido sus empleos (y que en muchos de los casos tampoco tengan en un futuro cercano la posibilidad de recuperarlos); que nuestra economía se haya desplomado hasta casi rozar niveles apristas, esto es, que se haya ido prácticamente a la mierda; que la educación de nuestros niños y jóvenes, que nunca ha destacado, lo sabemos muy bien, por ser un ejemplo respecto de la de los países vecinos, esté a punto de seguir los pasos de la de Bolivia.

Así de mal estamos. Pero, claro, hay quienes aún no parecen haberse dado cuenta. Como si la detonación de los hechos no hubiese explotado sobre sus cabezas. Con nuestras primeras autoridades sacándose los ojos por el botín de la presidencia. Con nuestro primer mandatario rebajándose a la discusión de callejón, siendo poco menos que carajeado por una funcionaria de tercer nivel. Con un adefesio de dizque artista, bravuconeando a los cuatro vientos que es él quien realmente nos ha estado gobernando desde el inicio de la gestión de Martín Vizcarra. Con un presidente del Congreso que se asume el Valentín Paniagua de la pandemia, pero que en el fondo no es más que un pobre diablo al que la capacidad no le ha alcanzado ni para urdir una conspiración que verdaderamente se respete.

Para colmo y remate, todo hace indicar que la farsa de marras tiene aún para rato. Las cartas bajo la manga, tanto de parte de un bando como del otro, aún no se han sacado a relucir en su totalidad, y ese es un hecho. Seguirán saliendo más y más audios, continuarán enlodándose más y más honras, como en los buenos tiempos del siempre recordado fujimontesinismo. Y ni que se diga de lo que el autodefinido asesor del presidente, esperpéntico personaje que es literalmente la vedete de este espectáculo grotesco, habrá de contar en los próximos días. Si lo único que falta es que nos salgan ahora con que quien los asesoró para la realización de las grabaciones fue nadie más y nadie menos que ilustrísimo Montesinos.

De lo único de lo que no deberíamos tener dudas, es de que mientras nuestras principales autoridades de los tres poderes del Estado sigan debatiéndose en esa lucha sin par en que se encuentran enfrascadas, el país seguirá sucumbiendo ante las embestidas mortales de la COVID-19; la población seguirá viendo hundirse día tras día su alicaída economía, sin que pueda hacer nada por evitarlo; la educación continuará siendo la última rueda de un coche que más temprano que tarde acabará conduciéndonos a todos a las profundidades del más oscuro de los abismos.

Solo nos queda hacer votos por que nuestros políticos no terminen arruinando al país más de lo que ya está a causa de la pandemia. Y también, por supuesto, para que lo dicho por la vicepresidenta de la comisión de fiscalización del Congreso, a raíz de los hechos ya sabidos, que dizque es necesario que se realice “una investigación exhausta” sobre los audios grabados al presidente, no sea un presagio de lo cansados que acabaremos de ver pasar grabaciones tras grabaciones. Y que no se pretexte ahora que cualquiera se equivoca. Porque hay equivocaciones que se pagan caro. Deberíamos saberlo nosotros mejor que nadie, puesto que ya las estamos pagando.