Autor: Franz Albert Emanuel Dionicio Veramendi
Sin lugar a duda el COVID – 19 ha afectado de muchas formas (la económica es considerada por muchos como la fundamental) al pueblo peruano y al resto de países en los que se ha presentado; sin embargo, ha perjudicado fuertemente a niveles sociales y de una forma muy silenciosa a las distintas estructuras familiares presentes en la sociedad. En el Perú, sobre todo, a raíz del COVID – 19 se ha intensificado el problema de la violencia doméstica y la violencia de género en los hogares.
La ministra de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP), Gloria Montenegro, manifestó el 1 de abril que 27 niñas fueron víctimas de violación desde que se inició el Estado de Emergencia.
Queda más que claro que no sólo en las calles se manifiesta la violencia hacia las mujeres, sino que en el lugar donde deberían estar salvaguardadas y protegidas como lo son sus hogares, también se hace ejercicio de todo tipo de violencia en contra de ellas. Esto reafirma la postura de quienes sostienen que no hay espacio en el que las mujeres realmente pueden estar libres de la violencia y el maltrato.
El Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP) señaló el 25 de marzo, que recibió 600 llamadas de violencia familiar desde que inició el estado de emergencia.
Además de las mujeres, también se ven afectadas por este problema los menores y adultos mayores de las familias. El problema de la violencia familiar se ha incrementado debido al abrupto cambio que han sufrido las familias y con ellas su propia estructura, ya que hemos sido obligados a estar confinados entre cuatro paredes y aunque esta medida sea necesaria para frenar la propagación del COVID – 19, tambien debemos recordar que muchos hogares poseen una dinámica familiar muy irregular en cuanto a la convivencia; es decir, familias muy desunidas se han visto forzadas a convivir, lo cual ha generado que los lazos familiares que deberían ser fortalecidos de forma continua sean forzadas y aceleradas para poder “sobrellevar la cuarentena en familia”. A causa de esto se ha propiciado la desintegración en aquellas familias que poseen antecedentes negativos dentro de su estructura respecto a la convivencia, ya que a niveles internos la familia posee dimensiones importantes tales como la comunicación, expresión de sentimientos, resolución de problemas, distribución equitativa de roles, el compromiso afectivo, el control del comportamiento, entre otros. Y es cuando estas dimensiones suelen ser forzadas en un corto plazo con la finalidad de interrelacionarse entre si dentro del sistema interno de las familias que ocurren los conflictos familiares que posteriormente derivan en violencia familiar.
Cabe destacar que la violencia familiar se distingue de otras formas de violencia encontradas en la sociedad por el carácter íntimo de la relación existente entre el agresor y la víctima, asi como la naturaleza privada de sus relaciones. Esta forma de violencia comprende varias categorías entre las cuales figuran la violencia de los padres hacia los hijos, la violencia entre los conyugues, la violencia dentro de la hermandad y por último la violencia infligida a las personas mayores. Debido a ello y como consecuencia del aislamiento social a partir de la expansión del COVID – 19 se observan una serie de puntos comunes y efectos similares entre estas formas de violencia ocurridos de la familia, tales como:
- Debilitamiento y pérdida de la autoestima.
- La vergüenza.
- Las situaciones de ansiedad y estrés por parte de los miembros de la familia.
- El sentimiento de impotencia.
- La diferencia de poderes entre agresor y víctima.
Asimismo, El fondo de Población de las Naciones Unidas a través de su directora, Natalia Kanem, señaló el 27 de marzo que existe una alta probabilidad de que se intensifique el riesgo de violencia familiar como consecuencia de las medidas planteadas para aislar a las familias contra el COVID – 19. Además, señala textualmente que: “Para demasiadas mujeres y niños, el hogar puede ser un lugar de miedo y abuso.”
Por último, los organismos internacionales hacen eco de esta problemática y a través de sus representantes advierten de que el COVID – 19 también trae consigo problemas internos de carácter social los cuales no son evaluados y analizados con la importancia que deberían, y es por ello que, lamentablemente pasan desapercibidos ante la mirada de las entidades que deben velar por la protección de la población y consecuentemente a las familias en que se componen.
Después de todo lo comentado recordemos la pluralidad respecto a las conductas familiares de la población peruana, está de más hacer énfasis en que es justamente en esta pluralidad donde descansa la respuesta a la desintegración de las estructuras familiares, las cuales, una vez más han sido obligadas a relacionarse lo cual deriva en violencia que de forma silenciosa en medio de una pandemia perjudican el bienestar de las personas y en este caso a aquellas que son más vulnerables, mujeres, menores de edad y adultos mayores.




