Denesy Palacios Jiménez (*) 04. 03. 2020
Contamos con un marco legal muy amplio, desde la Declaración de los Derechos Humanos, pactos internacionales de derechos económicos, políticos, culturales, derechos civiles, declaración sobre la eliminación de la discriminación contra la mujer, conferencias mundiales sobre la mujer, como la de Beijing y la conferencia regional sobre la mujer de América Latina y el Caribe, el consenso de Quito, la Comisión Interamericana de Mujeres y convenciones interamericanas sobre la mujer, la Convención de Belém do Pará, Brasil 1995, el Programa Interamericano sobre la Promoción de los Derechos Humanos de la Mujer y la Equidad e Igualdad de Género. OEA/CIM, la Declaración de los Objetivos del Milenio, y los objetivos de Desarrollo sostenibles.
Este marco legal internacional es el sistema de acuerdos que une a los estados nacionales en torno a principios y valores compartidos. Y son las obligaciones de cada estado con su ciudadanía y con el desarrollo.
Aunque han existido marcos legales internacionales desde tiempos antiguos, el actual comenzó a construirse desde mediados del siglo XIX. En el siglo XX, las dos guerras mundiales y el surgimiento de organizaciones como la Liga de las Naciones o la Organización Internacional del Trabajo, aceleraron su construcción, ampliación y consolidación.
Después de la segunda guerra mundial la Liga de las Naciones fue sustituida por la Organización de las Naciones Unidas. En el seno de esta organización se han desarrollado estándares, convenios, normativas y conferencias que han enriquecido este marco legal internacional.
En el Perú, tenemos cantidad de normas, que han contribuido a disminuir la gran cantidad de desigualdades, especialmente con respecto a la discriminación de la mujer, sin embargo el sistema machista imperante hace que las víctimas crezcan mucho más y se revela en la trata de personas, en el acoso, en la violencia cada vez más recrudecida y manifestada a través de los llamados feminicidios, que con horror vemos que nuestras mujeres niñas son víctimas de violación y muerte; es por eso que se requiere con suma urgencia, los centros de atención integral para víctimas de violencia familiar, pues las agredidas deben pasearse por sendas oficinas desde la policía, Ministerio Público, Medicina Legal etc., etc. Cómo podemos ser tan insensibles a esta problemática, se precisa no solo de normas sino mejorar las estrategias y mecanismos, así como capacitar y sensibilizar a los operadores de justicia, y la existencia de un solo centro donde deben acudir las víctimas y personas vulnerables de tanta violencia.
Sin embargo, vemos que también hay otras formas, como el acoso político, donde se cierra las puertas a las personas solo por no ser allegada del grupo gobernante, un claro ejemplo lo vemos en nuestra Alma Mater, sino no eres incondicional al grupo que gobierna no tienes cursos en posgrado, ni en segunda especialización, ni en Procat, tampoco participas de los exámenes del Cepreval, o de admisión, y hasta osan en hacer descuentos indebidos, de lo cual si encuentras solución es hasta cuando se les dé la gana.
Es decir, el problema que todavía vivimos, estriba en la educación, en la formación de valores desde casa, en la poca o escasa solidaridad de género, y se acrecienta con la corrupción, por eso mientras tengamos educación tan precaria, es difícil que podamos hablar de justicia para todos, de equidad, de libertad y respeto. Si bien es cierto hay grandes avances en cuanto a la participación femenina en diversos aspectos, vemos con mucha pena cómo nuestras representantes, sean regidoras, consejeras regionales, congresistas o ministras, si no están lo suficientemente empoderadas con solidaridad de género se limitaran a calentar el asiento como sus congéneres, o a levantar solo la mano para votar, es importante reflexionar que el sitio que hoy ocupan es por la lucha de muchas mujeres que inclusive han ofrendado sus vidas para allanar nuestro camino.
Un abrazo amigas



