PALABRAS EN EL MUNDO

Por Arlindo Luciano Guillermo

Mario Vargas Llosa, como César Vallejo, genera estudios e investigaciones; ambos son cantera inagotable de lectura, análisis y novedades. El novelista y crítico literario Alonso Cueto ha publicado Mario Vargas Llosa: Palabras en el mundo (Alfaguara, 2025, págs. 144); incluye además un “Dosier fotográfico”, 46 en total. En síntesis, el libro contiene cuatro ejes temáticos: admiración del autor por la maestría de Vargas Llosa cuando escribe novelas, la traumática experiencia personal de Mario con su padre que definiría su carrera novelística, poderosas influencias literarias e ideológicas que consolidaron su vocación literaria y el análisis intrínseco (estructura, personaje, rebeldía y lenguaje) desde La ciudad y los perros hasta Te dedico mi silencio.  La disciplina y vocación para escribir de MVLl es ejemplar y proverbial.

La tesis principal del ensayo Palabras en el mundo: “La fascinación de Vargas Llosa por las tensiones y contradicciones, los extremos y obsesiones de los seres humanos es la base de sus historias”. Ciertos episodios de su vida han definido su carrera literaria. El niño Mario, a los 10 años, conoce a su padre, a quien creía muerto, y se van de Piura, junto a su madre, a vivir a Lima; el adolescente Mario, por imposición de su padre, ingresa al Colegio Militar Leoncio Prado. Según Alonso Cueto, esto generó reacciones en su carácter y escritura literaria: 1. Mario recibe maltratos, siente miedo, enfrenta a su padre con rebeldía; 2. Con “las lecturas, los libros y la ficción” huye de una realidad insoportable”; 3. La rebeldía y la evasión se van a reflejar en sus personajes literarios: “Zavalita desafía a su padre y al gobierno de Odría; el Jaguar confronta a la institución del colegio; el Consejero se enfrenta a la República”. Mario desafía a su padre y se casa con su tía Julia Urquidi. El erotismo y la descripción del cuerpo son tópicos presentes en Elogio de la madrastra, Los cuadernos de don Rigoberto, Travesuras de la niña mala y La fiesta del Chivo. Dice Alonso Cueto: “El aspecto físico de Henry Chirinos en La fiesta del Chivo es a la vez un cuidadoso retrato moral: “El pelo que le faltaba en la cabeza le sobresalía de las orejas, cuyas matas de vellos negrísimos irrumpían. Agresivas, como grotesca compensación a la calvicie del Constitucionalista Beodo”.  En el capítulo 5 “La legión francesa”, Alonso Cueto rastrea influencias literarias e ideológicas. La vocación de Vargas Llosa responde a un proceso de lecturas, aprendizajes, conflictos y escritura de ficción y periodismo. César Moro, su profesor en el colegio militar, lo acercó al surrealismo y la lengua francesa. En 1959, Mario compró un ejemplar de la novela Madame Bovary en París y se convirtió en un escritor profesional. El “enorme y oceánico Víctor Hugo” le ofrecía una “vocación por el retrato de una sociedad amplia y diversa como un instrumento de lucha”. Quedó impresionado con la oratoria del escritor francés Andrés Malraux y su novela La condición humana. Jean Paul Sartre definió su actitud política y literaria. “La literatura no es un placer gratuito, sino un arma para comprender y, a la vez, influir en la realidad desde una perspectiva moral”. Mario es un “activista intelectual”. Con Albert Camus el deber del escritor es con la libertad y el compromiso moral. Hace suyo un axioma de Balzac: “La novela cuenta la historia privada de las naciones”. Aparece Georges Bataille que le promueve la “literatura es fuego”. Se suma la lectura del filósofo liberal Karl Popper.               

Alonso Cueto, prolífico novelista -escribió La hora azul, La pasajera, Grandes miradas, La Perricholi: Reina de Lima, Francisca: Princesa del Perú– fue amigo personal de Vargas Llosa, leyó sus novelas con pasión, interés y actitud crítica. Recuerda que lo conoció en 1951 -tenía 3 años- en París. “… mi madre se contactó con un amigo de la familia, el escritor André Coyné, quien había sido pareja de César Moro, también amigo cercano de mi padre. Mi madre le pidió a André que le llevara a la casa a todos los jóvenes peruanos que conociera en la ciudad para pasar las navidades con ellos”, escribe Alonso Cueto. Y llegó Mario Vargas Llosa y su primera esposa Julia Urquidi Illanes. Un lector de Vargas Llosa tiene tatuados en la memoria personajes, historias y circunstancias. La biografía de Vargas Llosa, su oficio de escritor y sus novelas mantienen vínculos cercanos. Lo que ha escrito no es biografía, sino ficción literaria, “la verdad de las mentiras”. El Jaguar, el Poeta, el Esclavo, teniente Gamboa, los cadetes del colegio militar, el Círculo, el robo del examen de química, etc., es La ciudad y los perros; La tía Julia y el escribidor, Mario Vargas Llosa, Julia Urquidi; el periodista de La Crónica Santiago Zavala de Conversación en La Catedral, el alter ego de Vargas Llosa; Cayo Mierda, Alejandro Esparza Zañartu, el poder en la sombra del ochenio de Odría; el bar La Catedral sí existió en la realidad limeña.  

Mario Vargas Llosa fue un renovador de la novela contemporánea, con lecturas y herencias de Gustavo Flaubert y William Faulkner. Utilizó técnicas narrativas sofisticadas: monólogo, diálogo telescópico, dato escondido, ruptura de tiempos y espacios, vasos comunicantes, voces múltiples, historias entrelazadas, etc. En el capítulo 6 “Contador de historias”, aparece una técnica denominada “enumeración aliterativa”. La aliteración se usa en poesía. Alonso Cueto advierte en Conversación en La Catedral: “Desde la puerta de La Crónica, Santiago mira la avenida Tacna, sin amor: automóviles, edificios desiguales y descoloridos, esqueletos de avisos luminosos flotando en la neblina, el mediodía gris. ¿En qué momento se había jodido el Perú?” Esto también se lee en Andrés Cloud. “Pero es cierto también que cuando la ropa está sucia y maloliente, las uñas crecidas, la barba sin afeitar y los bolsillos vacíos, la fama, el prestigio, la consideración y todo lo demás se van al diablo, se hacen humo, desaparecen” (Ay, Carmela).  Alonso Cueto establece una relación entre El Quijote y la novelística de Vargas Llosa. Dice: “Uno de los temas esenciales en la obra de Vargas Llosa y El Quijote es la exploración de la amistad (…) En Vargas Llosa, las relaciones de amor pueden ser tan difíciles y las mujeres tan lejanas como lo es Dulcinea para don Quijote. Tanto Tere como la niña mala y Lucrecia o Adriana aparecen como mujeres distantes, añoradas e idealizadas”.             

Vargas Llosa tiene legiones de lectores. “La literatura es un simulacro de la vida y de la sociedad” (MVLl). Alonso Cueto apunta: “Su paradoja esencial [de Mario] es que ha vivido para construir ficciones, sin quitar nunca los pies de la tierra. Siempre he pensado que es un peruano con una vocación universal, que en su obra no ha renunciado a sus raíces. Sus mejores novelas ocurren en el Perú o en América Latina, con personajes peruanos y latinoamericanos. En ese mundo de contrastes, de incandescencias, de dramas y utopías está el fondo de sus vivencias”. La ciudad y los perros, La casa verde, Conversación en La Catedral, La guerra del fin del mundo y La fiesta del Chivo son tan imperecederas como el mismo Vargas Llosa.