El año 2023 concluye, y con él, una serie de oportunidades perdidas y promesas incumplidas que han exacerbado el estado de pobreza y abandono en nuestras regiones. Este año ha sido testigo de una gestión política deficiente que ha relegado a Perú a un estado de estancamiento preocupante. La disconformidad popular es palpable, y es momento de que, como sociedad, elevemos nuestra voz para demandar el cambio que merecemos y necesitamos.
La actitud itinerante de nuestra presidencia, sumada a la apatía de un congreso distante, ha contribuido a un vacío de liderazgo efectivo. Los viajes diplomáticos y las reuniones internacionales, lejos de traducirse en progreso tangible, han sido poco más que una fachada de actividad. La población peruana merece y requiere resultados concretos, no simples actos ceremoniales ni promesas vacías. La inasistencia crónica y el desempeño deficiente de nuestros congresistas son inaceptables. Este panorama de desidia y abandono es un insulto a los principios de representatividad y servicio público.
Frente a este panorama desolador, es imperativo que las autoridades competentes adopten un enfoque más crítico y proactivo. No podemos permitir que el 2024 sea otro año de promesas sin cumplir. La Contraloría, junto con otros organismos de fiscalización, debe intensificar sus esfuerzos para garantizar que cada proyecto y cada sol de inversión se administre con la máxima eficiencia y transparencia. Es hora de una reforma política profunda que asegure líderes capacitados, comprometidos y verdaderamente representativos en todos los niveles de gobierno.
Proponemos una reestructuración completa del sistema político para garantizar la elección de representantes más calificados y comprometidos con el desarrollo integral de la nación. La participación ciudadana debe ser fomentada y valorada como el pilar de nuestra democracia. Los proyectos de infraestructura y desarrollo deben ser vigilados con el máximo rigor para evitar el malgasto y la corrupción. Cada ciudadano debe convertirse en un fiscalizador activo de la gestión pública.
Perú se encuentra en un punto de inflexión crítico. No podemos seguir siendo espectadores pasivos del deterioro de nuestra nación. La crítica situación de proyectos como la carretera Ambo-Yanahuanca-Oyón es solo una muestra de la urgencia de nuestra intervención y demanda de cambio. El 2024 debe ser el año en que, como país, redefinamos nuestras expectativas y exijamos el nivel de liderazgo y administración que nuestra rica herencia y promisorio futuro merecen.




