UN BUEN AMIGO

Por: Jacobo Ramírez Mays

Mi buen hermano y amigo Luis Mozombite, quien nos tenía acostumbrados a textos de crítica literaria como también a cuentos históricos, ahora nos entrega un libro con sabor a miel. Un libro dedicado a los niños, pero también a los jóvenes y a los no tan jóvenes. En buena cuenta, me atrevería a decir que está escrito especialmente para lectores de cinco a noventa y nueve años.
Entendemos, y dirán ustedes si con acierto o no, que el gran y quizá más importante reto de la literatura infantil es lograr que los niños puedan entenderla a cabalidad, sin que ello implique que se subestime su inteligencia, su modo particular de percibir las cosas. En tal sentido, a nuestro entender, los que escriben este tipo de literatura deben apelar a la imaginación y al escurridizo interés de ese público, solo así alcanzarán sus objetivos. Demás está decir que tanto Mozombite como su libro cumplen sobradamente con estos requisitos.
Un buen amigo y otras historias es un libro donde se narra tres cuentos ambientados básicamente en la selva peruana, lugar de especial añoranza para el autor, y que forma parte de su vida infantil.
La trama de las tres historias no es complicada. Con un lenguaje pulcro pero sencillo, aparece en primer lugar la historia de Argos. Un perro negro, orejudo y peludo que llega al mundo infantil de nuestro narrador personaje para acompañarlo con aventuras y hacerlo vivir intensamente.
El narrador, en primera persona del singular, cuenta cómo es el encuentro con dicho perro; sus travesuras, así como también cómo los niños, con esa capacidad tan típicamente suya de obtener todo lo que se proponen, logran que Argos se vaya a vivir con ellos. Mientras se nos narra esos acontecimientos, el niño protagonista, alter ego de Lucho, entra a ese mundo maravilloso de los recuerdos, ahí donde las fronteras se diluyen haciendo difícil establecer dónde termina la realidad y comienza la imaginación. En este punto, se hace más evidente la personificación de Argos cuando el niño le lee en voz alta historias de los libros, al mismo estilo del Narrador de cuentos, pues se pone a un costado y levantando las orejas grandes lo escucha con inusitada atención.
El humor es también, a no dudarlo, una de la principales característica del cuento. Ahí tenemos, por ejemplo, la escena en que el niño, subido en un guayabo, trata de espantar a un toro que lo espera, con una paciencia de burócrata, para cornearlo. Desde lo alto del árbol, recordando frases de los libros leídos y guiado por esa fantasía propia de los infantes, le dice al toro: ¡Lárgate! ¡Vete de aquí!; Al ver que sus palabras no surten ningún efecto, apela al uso de un tono más cortés: “Señor toro, ¿quieres irte, por favor?…” Lo cierto es que, misma película de superhéroes, llega Argos y ladrando fuerte logra espantar al toro y consigue que su pequeño amo descienda del árbol.
Y como nada en el mundo es eterno, esta historia bella y tierna, llena de aventuras que ocurren no en un lugar de la Mancha sino en la selva peruana, llega a su fin con el capítulo titulado “La última vez que vimos a Argos”, en donde el perro, después de haber sido alejado de los niños, es vuelto a ver por ellos, circunstancia en que lo llaman por su nombre, él reconoce sus voces, les mueve la cola, quiere acercarse, pero la voz fuerte de su nuevo amo hace que encoja la cola y con pasos tristes se vaya tras su nuevo dueño, mientras escucha un adiós para siempre y ve asomarse unas lágrimas a los ojos de ese niño de ocho años a quien tanto quiere.
Lucho, con este cuento, nos demuestra que un perro no es solo la encarnación del fascinante vínculo entre un hombre y su mascota sino también un remolino de emociones en el que confluyen una mirada tierna y cruda al universo familiar y un homenaje al amor en todas sus manifestaciones.
El segundo cuento de este libro es la fábula de Capablanca. Aquí el perro es grande, abusivo y el único perro de raza en toda la comarca. No había en ese pequeño pueblito un solo perro que le pegara, y por esa razón miraba a los demás perros, por decirlo así, por sobre los hombros. Es el perro soberbio, el creído, el más más, y a quien todos temen.
Pero, como dice el refrán, “Que no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista”, llega en un barco desde el Brasil, un viejo junto a su perro también viejo. Este es un can que no hace caso a nadie, camina tras su amo como si no le importara lo que pasa a su alrededor. Todos los perros van a saludarlo, pero él es indiferente. Incluso Capablanca va a darle la bienvenida, pero el viejo perro no le hace caso. Molesto, Capablanca se abalanza sobre el forastero para morderlo, pero el canino viejo, con la experiencia de los años vividos y con una agilidad indefinible, logra evadir el mordisco y con la misma velocidad ataca a Capablanca. En la pelea, Capablanca es vencido y cuando los demás perros chuscos lo ven derrotado, al mismo estilo de Fuenteovejuna, todos a una se abalanzan sobre él y, con mordiscones, vengan todo el daño que les hizo. Después de leer el cuento, cada uno de ustedes, como grandes lectores, sacarán una lección de esta historia.
El último relato se titula “El aviso”, es un cuento misterioso donde el alma de una persona que está a punto de morir, recorre los lugares por donde anduvo en vida, recogiendo sus pasos.
Si ustedes quieren enterarse de otras aventuras de Argos, de cómo Capablanca fue derrotado y cómo el alma de los vivos anda antes de morir, los invito a leer el libro y a que en la soledad de sus salas o cuartos compartan estas tiernas y grandiosas historias.
Las Pampas, 17 de noviembre del 2016