RECURRENCIA Y MARCA LITERARIA

Por Arlindo Luciano Guillermo

Atrévete a cruzar el puente (Edit. Ámbar, 2023, 123 Págs.) reafirma el estilo literario personalísimo de Mario Malpartida y la presencia de tópicos abordados en libros anteriores: barrio, tranvía, jóvenes, tono nostálgico, cambio del paisaje urbano, etc. La novela de cinco capítulos luce técnicas modernas y siempre con el propósito de encandilar al lector. Están ausentes el monólogo y la ingenuidad de sentimientos. Es una novela juvenil de lectura ágil, atractiva, de suspenso in crescendo, cuyas historias, personajes, circunstancias y desenlaces atraen, y plantea problemas de jóvenes y códigos sociales. El Decamerón de Giovanni Boccaccio, libro anticlerical, es pecado y censura; en los 100 cuentos hay curas y monjas que se despojaron de la indumentaria religiosa para preferir la libertad y el amor. El uso reiterativo de diminutivos -más de 30 veces- revela oralidad y habla coloquial.    

Atrévete a cruzar el puente contiene dos acciones y un referente. “Atrévete” es un verbo pronominal en modo imperativo, una imposición para ejecutar el siguiente momento: “a cruzar” que se convierte en un desafío, un acto temerario. El puente implica dos extremos, que al transitarlo se consuma una decisión. La palabra puente se repite más de once veces. El narrador omnisciente reporta que Miquita acepta el romance a Luis Enrique. Dice: “Ahora los dos pasarían juntos al otro lado del puente” (Pág. 70). Un lado del puente es la relación de prudencia y mucho escrúpulo para evitar los rumores, cuchicheos y “el qué dirán” de la gente. Él, Luis Enrique Quesada, es un estudiante del quinto B del Colegio Piloto; ella, Ena Micaela Berríos Suárez, treintona, casada en los Estados Unidos, practicante de Inglés, remplazante del teacher John Leyton. El otro lado es la libertad para amarse sin testigos ni censura. Allí los amantes se dirán Lucho Kike y Miquita, no tendrían que esconderse del auxiliar del colegio ni del brigadier. El título de la novela contiene prohibición, desafío y libertad.  Todo ha sido efímera ilusión que se desvanece con la observación de un cuadro matrimonial. La novela Adiós a las armas de Ernest Hemingway no es una casualidad. La relación entre la Frederick Henry y Catherine Barkley se da en el contexto de la Primera Guerra Mundial y el amor; lo mismo ocurre con Luis Enrique y Ena Micaela, pero en un ambiente de prejuicio, cuestionamiento y mentira. En la novela hay dos historias: romance de Luis Enrique y Ena Micaela y desmanes y rebeldías del sacerdote español Elmer Reverte.   

En esta novela Mario Malpartida utiliza el narrador omnisciente impersonal y el dato escondido en hipérbaton (Léase Cartas a un joven novelista). No hay ningún dato escondido estrictamente. “Los asesinos” de Hemingway y “Rico el sabor de la caña” de Cárdich son ejemplos de dato escondido. ¿Por qué quieren asesinar a Ole Andreson? ¿Qué hizo para que merezca tal sentencia? Solo se tienen cuatro indicios: fue boxeador de peso pesado en Chicago, fugitivo, cometió un error imperdonable y resignación a dicho destino. Nunca lo sabremos, pero se podría especular alguna explicación personal.  ¿Quién es el interlocutor del personaje que se emborracha cada vez que los recuerdos infaustos lo perturban? Tampoco lo conoceremos. Esclarece MVLl que el dato escondido en hipérbaton, a diferencia de la elipsis, es el ocultamiento momentáneo de la información que luego se revela y “el dato escondido o narrar por omisión no puede ser gratuito y arbitrario”. El capítulo V esclarece las intrigas amorosas y la situación final de los sacerdotes Lieri y Reverte. El padre Lieri, en apariencia un correctísimo sacerdote, escapa de la parroquia con la cocinera Leonor, una migrante venezolana como su hija Sara, que huye con el joven cura Juan Lucas. El narrador omnisciente impersonal es prudente, no presume ni emite opinión, solo pone en vitrina a los personajes y episodios. ¿Quién narra la historia de Atrévete a cruzar el puente? Sabemos que es una tercera persona, pero no sabemos quién, no tiene nombre ni apellido.     

Atrévete a cruzar el puente no es lineal ni obedece a un orden cronológico. Tiene transgresiones, pecados contenidos, instintos en ebullición que esperan oportunidad para la erupción emocional y sexual, desafío a los códigos religiosos y sociales y ansías de libertad. En la novela se plantean hasta cuatro intrigas, conflictos y enredos amorosos: Reverte-Lieri, Luis Enrique-Ena Micaela, Sara-Juan Lucas, Lieri-Leonor. María Inés, concurrente a la parroquia San Clemente, es un personaje hito: aparece dos veces en situaciones cruciales para Luis Enrique: Pág. 27: “flaquita (…), una damita con la cabellera de cerquillo al viento embelleciendo su rostro ovalado, mientras ella insistía en cambiar las naderías de la conversación por temas sobre rimas, poesías y poetas, y así llenar los cinco minutos de intermedio que ofrecía el cine”; en la Pág. 118: “-¿María Inés? -En el semblante de Luis Enrique se produjo una confusión de asombro y acontecimientos. Sabía que sus labios habían temblado al hablar y que seguirían temblando la repetir la pregunta. Sin embargo, se vio forzado a hacerlo en demanda de una confirmación-: ¿María Inés?” Sobre relaciones sentimentales de jóvenes y rebeldía e incumplimiento del juramento sacerdotal de curas se han escrito y visto mucho en la sociedad, pero Mario Malpartida los cuenta con recurrencia y su estilo muy personal. Hay doblez moral en Ena Micaela, tras su aparente buena presencia, vocación magisterial y encanto amoroso; el padre Lieri es el vigilante celoso del celibato sacerdotal y el comportamiento pulcro y correcto de Elmer Reverte, quien resulta la “oveja negra” de la parroquia. Lieri traiciona los votos sacerdotales, mientas que Reverte seguirá como párroco. Esta novela es un cuestionamiento a la hipocresía social y religiosa. Luis Enrique ha culminado la secundaria, no será militar, estudiará Derecho como María Inés, hijo de “padre ausente, madre trabajadora”, lector de literatura “para idear fantasías y escribir poemas” y conservará la fama de “dueño de los primeros puestos de méritos y conducta intachable”, “alumno ejemplar y soñador”.  

Malpartida escribió novelas cortas (El mago de papel, Una melena dorada en la tribuna y Atrévete a cruzar el puente) y de mayor volumen (El viejo mal de la melancolía, Una loma bendita y Ciudad de agosto). En ellas están presentes su talento narrativo, sello literario propio, construcción de ficciones basada en la evocación, la nostalgia como insumo poderoso, afán de crear una identidad social e histórica con la literatura. Los cuentos “Ese mal viento otra vez” y “Los colores de la vida” de Pecos Bill y otros recuerdos se vinculan a la infancia; Atrévete a cruzar el puente, a la adolescencia; El viejo mal de la melancolía, a la juventud y la adultez de Eduardo Arnao. Mario Malpartida llegó a Huánuco hace más de 50 años desde Surquillo. Un texto literario de Mario Malpartida es claramente diferenciable de Andrés Cloud o Samuel Cárdich.