¿Por qué fue tan mortífero el terremoto en Turquía?

El terremoto que sacudió Turquía el 24 de enero de 2020 fue tan dañino y mortal debido a varios factores:

Ubicación: El terremoto tuvo su epicentro en la densamente poblada ciudad de Elazig, situada en una zona con un alto nivel de actividad sísmica. Esto significa que el suelo es muy susceptible de temblar durante un terremoto.

Intensidad: El terremoto tuvo una magnitud de 7.8, lo que se considera un terremoto fuerte. La elevada magnitud del seísmo causó daños generalizados en la zona.

Tipo de suelo: El suelo de la zona es blando, lo que significa que amplifica las sacudidas durante un terremoto. Esto se conoce como amplificación del terreno, y puede hacer que los edificios tiemblen más violentamente, provocando más daños y aumentando el riesgo de derrumbe.

Calidad de los edificios: Muchos de los edificios de la zona estaban mal construidos y no estaban diseñados para resistir terremotos. Esto provocó daños generalizados y un elevado número de víctimas mortales durante el terremoto.

En resumen, la combinación de una zona densamente poblada con un alto nivel de actividad sísmica, un terremoto de fuerte magnitud, un suelo blando y edificios mal construidos contribuyeron a los devastadores efectos del terremoto en Turquía.

¿Qué hace que estos sismos más fuertes sean tan raros?

Según especialistas, en la extraña matemática de los terremotos, cada vez que se sube una unidad de magnitud, se obtiene una décima parte de la tasa de ocurrencia. Así que a medida que aumentas de magnitud, se vuelven cada vez menos frecuentes. Hay argumentos al respecto. Algunos sostienen que se puede identificar el tamaño máximo de un terremoto que caracteriza a una falla. Pero no creo que los datos lo demuestren. En 100 años, si tenemos 20 de magnitud 7, deberíamos tener dos de magnitud 8. A grandes rasgos, eso es lo que vemos.