Por joder

 Jorge Gabino González

Escritor, articulista, profesor de Lengua y Literatura

Si hubo un tiempo en que lo que movía a las gentes a asumir una determinada conducta, ante situaciones que revestían algún tipo de manifiesta gravedad, era la realización previa de una simple pero ineludible operación intelectiva conocida como “razonar”; si hubo un tiempo en que para que se opte por tal o cual camino, el mismo que dependiendo del rumbo que tomásemos nos arrojaría al más hondo de los abismos o nos encumbraría a la más elevada de las cimas, era menester aguzar nuestros sentidos a más no poder, a fin de no irnos por la pendiente, de no desbarrar; si hubo, en definitiva, un tiempo en que, para hacer bien las cosas, poníamos el máximo de nuestros empeños, de modo que no acabáramos, como dicen los deslenguados, gentes despreciables a las que en modo alguno podríamos secundar, de modo que no acabáramos, decíamos, requetecagándola; si hubo un tiempo como ese, pues ha de haberse ido a la mierda hace muchísimo, que de él no parece haber quedado ni el más mínimo rastro.

Ello porque, por lo menos en lo que a los peruanos se refiere, hace ya una punta de años que actuamos por cualesquiera razones, cuando de lo que se trata es de tomar decisiones de envergadura, pero menos porque estemos verdaderamente convencidos de que nuestro proceder sea el más indicado. De ninguna manera. Hoy es más bien común, a decir verdad, que lo que nos lleve a hacer las cosas, por muy grandes o insignificantes que estas pudieran ser, sea el solo hecho de “joder”, esto es, el solo hecho de “molestar o fastidiar a alguien”, según quinta académica acepción del término de que se trata.

Así, resultan innumerables los ejemplos que dan clara cuenta de lo que se viene diciendo. Y respecto de cosas que en la mayoría de los casos mueven a risa antes que a nada. Si alguien dice que el vaso está medio lleno, pues que no: que lo que está el maldito vaso es medio vacío; si alguien dice que el huevo fue primero, pues que no: que lo que fue primero es la maldita gallina; si alguien dice que blanco, pues que no: que negro; si alguien dice que grande, pues que no: que mucho mejor si es pequeño; si alguien dice que los ojos, pues que no: que los pies; si alguien dice que de día, pues que no: que de noche; si alguien dice que encima, pues que no: que debajo. Todo lo cual, desde luego, por el solo hecho de joder.

Lo preocupante, por supuesto, no es en modo alguno el que la gente haga todo lo antedicho por la causa también antedicha, sino que esa suerte de deporte nacional nuestro de hacer o decir las cosas por el solo hecho de joder se haya llevado también a otros ámbitos como por ejemplo el de la política. Que es lo que parece haber ocurrido en las últimas elecciones congresales, gracias a las cuales podremos contar con nuevos representantes en el Hemiciclo, los mismo que completarán el periodo de gobierno hasta julio de 2021.

Pues, como es de amplio conocimiento, terminaron siendo elegidos un gran número de congresistas del FREPAP, partido político que dio la sorpresa al resultar muy por encima de otros como Fuerza Popular, el Apra, el PPC, entre los más conocidos. Y terminaron siendo elegidos, hay que decirlo, solo por joder, esto es, por molestar, o si se prefiere, por no darle el gusto de volver a ser electos a más de uno de los impresentables que en el disuelto Congreso hicieron lo que les dio su puta gana con el país. El problema, por supuesto, no es tanto el hecho de que se les haya dado una gran lección a esta sarta de sabandijas, sino que, al hacerlo, hemos llevado al campo de la política un tipo de proceder que, por la seriedad con que deberíamos tomarnos los asuntos que conciernen a todo el país, deberíamos habérnoslo seguido reservando para otro tipo de menesteres.

Lo que a su vez deja abierta la puerta para que en futuras ocasiones volvamos a castigar a quienes se merecen el repudio de todos los peruanos, beneficiando a gentes que, en muchos de los casos, no tienen ni la más puta idea de cómo es que tiene que conducirse los destinos de un país. Que ni el Perú ni ningún país, por muy tercermundista que pudiera ser, se gobierna desde la ingenuidad de los golpes de pecho, ni tampoco desde la cerrazón mental de los absolutismos.

Hay cosas que se pueden hacer, y que da gusto hacerlas, por el simple y reconfortante gusto de joder. Pero no todas. Las hay también del tipo de las que requieren de la valoración necesaria, del sopesamiento justo, a fin de no llevarnos a engaño, y acabar metiendo, como quien dice, las cuatro patas. Una de esa cosa es la política. En la que lo último que nos podría pasar es cambiar mocos por babas.