PERIODISMO Y LITERATURA

Por Arlindo Luciano Guillermo

Crímenes en Lima (Melquíades, 2019. Págs. 197) y Crímenes en Lima 2 Melquíades, 2022. Págs. 211) contienen 16 reportajes periodísticos de casos que mantuvieron en vilo y secuestrada a la opinión pública por la envergadura del salvajismo, la perversidad y el total desdén por el prójimo; en 408 páginas se muestra el rostro de ciudadanos peruanos que se convirtieron en asesinos que actuaron con sevicia, crueldad y saña hiperbólicas. 

Crímenes en Lima está escrito por seis varones y dos mujeres periodistas; Crímenes en Lima 2, por ocho periodistas mujeres. En el prólogo del primer libro, el editor Alberto Rincón Effio dice: “…Lima huele a sangre lavada, que con más de diez millones de habitantes hay que estar alertas, que la desconfianza debe ser nuestra principal válvula de seguridad”. ¿Alguien duda que vivimos atemorizados por la delincuencia? En el segundo, Rosana Cueva, veterana y curtida periodista que hoy dirige Panorama, destaca dos ángulos del libro. 

Refiriéndose a las ocho periodistas dice: 1. “Dos rasgos definen a esta generación: la pasión y la valentía en la cancha”; 2. “Los buenos reportajes (…) pueden hacer justa memoria, respaldar y recuperar la única herramienta creada por nosotros para reconfortarnos de tanta muerte: la justicia.

Crímenes en Lima y Crímenes en Lima 2 registran asesinatos brutales, salvajes, bárbaros, despiadados y de desprecio absoluto por la vida propia y del otro, a años luz de la empatía, el respeto y la tolerancia. Crímenes en Lima. A la migrante cajamarquina Eyvi Liset Ágreda Marchena, Carlos Hualpa le roció combustible en un ómnibus y prendió fuego porque lo despreciaba, no le correspondía sus pretensiones amorosas a pesar de las súplicas y las dádivas.   

Dice Gabriela Wiener: “Los misóginos creen que hay mujeres que deben ser castigadas por decir que no, porque ellos son buenos y atentos, porque un día les regalaron peluches gigantes en la vía pública y ellas los rechazaron; piensan que ellas deben ser condenadas por ser bellas, porque es una belleza que provoca y se les niega, por no estar a su alcance y disponibilidad”. (Pág. 30). En “Lo que unión la música solo lo separa la muerte”, Carlos Enrique Freyre (escritor y oficial del EP, autor de una novela de necesaria lectura sobre Sendero Luminoso en el VRAEM: El miedo del lobo) relata pormenorizadamente la relación sentimental de Abencia Meza y Alicia Delgado y la muerte de esta por celos descontrolados. El periodista Herminio Pedro Yauri Bustamante fue secuestrado, asesinado y desaparecido por el Grupo Colina, en los años del fujimorismo. 

¿Dónde está la osamenta de Pedro? No se sabe. Impunidad total; lo mismo podríamos decir de Jaime Ayala Sulca y Hugo Bustíos. En Huánuco también hubo feminicidios, asesinatos de empresarios, políticos y ciudadanos que solo quedaron en la noticia cotidiana, excepto los reportajes policiales que hizo Valentín Sánchez Daza, en la revista Papiro, sobre el asesinato de César Martínez Leyva, entonces alcalde de Amarilis, que sirvió de insumo para la novela Ciudad de agosto de Mario Malpartida.            

Los reportajes están escritos con lenguaje descarnado, directo, sin rodeos, con digitación de acero, sustentados en evidencias e investigación (como debe ser el ejercicio del periodismo responsable), estilo afiliado al relato policial, con indagación, trajines exudantes, hipótesis y pesquisas detectivescas hasta hallar la prueba y completar el rompecabezas. El periodista no es la PNP ni juez ni fiscal, pero aporta significativamente información necesaria y pertinente y, además, provoca impacto emocional y conmueve al lector o televidente. En estos escritos periodísticos están presentes los actores del relato policial: un hecho concreto, presunto autor, la escena del crimen, la investigación, identificación y sanción o impunidad. Una sociedad puede estar sin crisis política y con gobernabilidad, pero no necesariamente ha eliminado el lado neandertal, al jabalí depredador, donde la razón está totalmente subordinada a la avaricia, la crueldad, la lujuria, la celotipia y la fobia.  

Entre periodismo y literatura hay una complicidad innegable. Si bien, tienen propósitos diferentes (uno dice la verdad objetiva; otra crea la ficción), pero ambos utilizan el lenguaje como el medio más eficaz para comunicar e informar la realidad. Un reportaje periodístico puede ser confundido con el relato literario porque utiliza hechos, personajes, un narrador y una secuencia lógica. Mario Vargas Llosa escribió ¿Quién mató a Palomino Molero? Un avionero es encontrado asesinado cruelmente. ¿Quién lo hizo y por qué? En “Emma Zunz”, de Borges, el dueño de una fábrica es ultimado por la hija de un exsocio. Es Edgard Allan Poe el maestro del relato policial: “El gato negro”, “El corazón delator” o “Los asesinatos de la calle de la Morgue”. En este último cuento, el vecindario se espanta por unos gritos desgarradores. Cuando ingresan a la casa encuentran a dos mujeres absurdamente masacradas. La anciana había sido degollada salvajemente, al levantarla la cabeza se desprendió del cuerpo; mientras que la hija fue encontrada cabeza abajo introducida en la chimenea. Luego de estudios, análisis, inferencias y cotejos, Augusto Dupin, un aficionado detective, como un Sherlock Holmes, llega a la conclusión de que el crimen fue cometido por un orangután gigante. 

Estos dos libros de periodismo de investigación evidencian que el feminicidio, la impunidad, la injusticia, la avaricia y la misoginia no han sido resueltos; ahí están como ladrón en la oscuridad. No basta la severidad de la ley, sino también una educación e inteligencia emocional donde se fomenten las habilidades blandas como la tolerancia a la frustración y el respeto de las decisiones de la mujer. Cuando una mujer no te quiere, no puedes obligarla. No solo tenemos héroes admirables, ciudadanos honestos, emprendedores y trabajadores, sino también villanos que matan por dinero, por ser diferente, por avaricia, por descontrol emocional. Una hija mata a su madre y la tiene dentro de la casa por varios días. El olor de la descomposición del cadáver alerta a los vecinos, interviene la policía y se descubre el macabro parricidio. Esto lo relata Dany Salvatierra en “El crimen de La Molina o el asesinato de Gabriela Niño de Guzmán. En este contexto, la salud mental, la educación por competencias y el fortalecimiento de habilidades blandas es una tarea pendiente.

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