Más allá de la política, hacia un homemaje genuino

En la actualidad, somos testigos de una disputa que trasciende lo trivial y toca las fibras más profundas de nuestra identidad cultural. La emblemática danza de los Negritos de Huánuco, un tesoro nacional y orgullo de los huanuqueños, se ha visto envuelta en un juego de poder que desdibuja su verdadero significado.

Es fundamental reconocer que dicha danza no es propiedad de una entidad o figura política, sino un patrimonio compartido, un legado que nos pertenece a todos como peruanos. Observamos con preocupación cómo la administración local, representada por el alcalde, se adjudica la organización anual de esta festividad, ofreciendo un apoyo financiero que, aunque bien intencionado, resulta insuficiente para cubrir los costos reales de participación. Aquí no se trata de una cuestión monetaria, sino de apreciar el esfuerzo y la devoción de quienes mantienen viva esta tradición.

Por otro lado, la iniciativa del gobernador regional de llevar la danza a Lima ha sido un movimiento estratégico para difundir nuestra cultura. Sin embargo, es imperativo que estas acciones no se perciban como simples tácticas políticas, sino como genuinos esfuerzos para honrar y promover nuestras raíces. Sería admirable ver iniciativas similares que lleven la danza de los Negritos de Huánuco a escenarios internacionales, como Italia o Dubai, no solo como una muestra de arte y tradición, sino también como un acto de orgullo y reconocimiento cultural.

La danza de los Negritos es mucho más que una manifestación artística; es una expresión de fe y devoción. Cada barrio, distrito y provincia rinde homenaje al Niño Dios a través de esta danza, invirtiendo no solo recursos económicos, sino también corazón y alma en la preparación de cada cuadrilla. Este es el verdadero espíritu de la festividad: la comunidad unida en celebración y gratitud.

Frente a esto, es lamentable observar cómo esta tradición se ha convertido en un campo de batalla para ambiciones políticas. La impresión que surge es la de una lucha por el poder, donde la cultura se usa como moneda de cambio para ganar favor político. Este no es el camino que debe seguirse. Huánuco, y Perú en su conjunto, merecen líderes que pongan los intereses culturales y sociales por encima de los políticos.