LOS PRÓXIMOS CUATRO AÑOS

Por Arlindo Luciano Guillermo

Quienes sean los ganadores en estas elecciones regionales y municipales 2022, nosotros regresamos al trabajo diario. Hemos cumplido el deber cívico de sufragar, de “entregar” nuestro voto al candidato de preferencia o simpatía. Si la achuntamos bien; si “metimos la pata” otra vez paciencia, podría ocurrir un milagro inesperado (en política todo es posible), a llorar a la playa, nos hacemos al loco o a silbar mirando el cielorraso. Solo la cámara secreta y la conciencia saben por quién hemos votado. Sea el caballo, el dedo pulgar, el gallo, el lápiz, el tren o el corazón, la escoba, la R o la K el que gobierne, solo le pedimos que lo haga con eficiencia, transparencia y resultado.

La gestión pública se mide por tres indicadores concretos: eficiencia y calidad del gasto presupuestal, fortalecimiento de la institucionalidad que implica comunicación, transparencia y confianza ciudadana y ejecución de obras públicas de envergadura que incluye educación, salud, saneamiento y conectividad vial. Eso de que la oferta electoral se debe cumplir ad pedem litterae es cuento chino; no se observa porque en el camino aparecen nuevos problemas que se tienen que resolver. ¿Se asfaltarán o pavimentarán las calles de Amarilis, Pilcomarca y Huánuco? ¿Se construirá un centro cultural, un terminal terrestre o un mercado moderno de tres pisos? ¿Cuántas instituciones educativas, hospitales y estadios multideportivos se construirán en cuatro años? ¿Disminuirá la pobreza económica, la anemia y el DCI o aumentará el empleo sostenible? Solo les pedimos a las electas autoridades que hagan bien (o sea correctamente; no “jueguen chueco”) lo que tienen que hacer. Eso no es complicado. El poder es una ilusión; el poder emborracha y al mal dipsómano lo convierte en un energúmeno; esforzarse por ser una autoridad podría ser interpretado como una vocación de servicio al pueblo, pero, valgan verdades, es una obsesión y una oportunidad cuyo provecho depende de la ética y la decencia.  

Lo que se ofrece en campaña no necesariamente se cumple durante la gestión; es decir, “una cosa es con guitarra; y otra, con cajón” o “del dicho al hecho, hay mucho trecho”. En esos términos, ¿se cumplirán los ofrecimientos de las electas autoridades regionales y municipales durante los cuatro años de gestión? ¡Ver para creer! Si lo hacen, enhorabuena; si sucede lo contrario, solo ha servido para ganar votos y ser electos. En la gestión del gobierno, o sea en la cancha, se verá si la oferta se convierte en realidad. No solo se trata de sembrar “fierro y cemento”, sino también mejorar la calidad de vida y el bienestar de los ciudadanos. Mejorar la competitividad regional y la transparencia en el poder son urgencias necesarias. El populismo, el pago de favores políticos y el clientelismo son grandes tentaciones. El desarrollo y el progreso tienen que transitar por la ruta de la coordinación intersectorial e intergubernamental, la sostenibilidad política y los proyectos de mediano y largo plazo; se deja la posta al siguiente gobernante. Cuatro años se pasan volando como el agua por debajo del puente Calicanto. Recuperar la confianza de los líderes políticos y de los servicios de las instituciones públicas es otro reto espinoso y complicado, pero se debe tomar al toro por las astas.

Para ir a votar en una escuela, cerca de Fonavi 4, tuve que viajar en colectivo. El chofer, que tiene aún mascarilla, lentes gruesos y barba de náufrago, me dice que todos son corruptos, que llegan al gobierno para robar, hacerse ricos para asegurar el futuro de tres generaciones. No le contesto, pero lo escucho. Pero sería peor con el loco de Antauro. Hice algunos apuntes en mi pequeña libreta. Sabe que estoy registrando sus pareceres. Entonces con cierto recelo y prudencia le pregunto quién sería un buen gobernante. Mi interlocutor parece un ciudadano ilustrado y taimado. Habla con claridad y coherencia. Controla su enfado y frustración política. Me mira con suspicacia por el rabillo del ojo derecho. No me contesta. Frena bruscamente porque un bajatero da la vuelta en U. “Hijo de puta”, grita, pero el temerario jovenzuelo no lo escucha. Saca su cabeza por la ventana y esputa con cólera. No me ha respondido. Cambia de tema. Bajo frente al Mandingo y antes de que me aleje dice que lo piense bien. “Todos son iguales”. En el camino sigo dándole vueltas a la idea de que todos son iguales, pero tengo que votar por alguien. En la fila me encuentro con un amigo de infancia. No sabe por quién votar porque acaba de llegar de Lima donde trabaja y vive desde hace varios años.  

A partir del 1 de enero de 2023 empieza otro período político e institucional para la región Huánuco. ¿Qué se nos viene en los siguientes cuatro años? Si seguimos la lógica del continuismo, la inercia, el perfeccionamiento de la vieja política de meter una aguja para sacar una barreta y de la lógica casuística, tendremos más de lo mismo, habremos cambiado mocos por babas; aquí no pasa nada. Que el absurdo complejo de Adán no sea la pauta para gobernar. Si de lo contrario, hay un cambio de actitud ante el poder y la gestión, veremos, con merecida justicia, la luz al final del túnel. Los ciudadanos debemos estar en alerta constante, vigilantes, pendientes de lo que hagan o dejen de hacer las autoridades electas. No opinar, no decir esta boca es mía, hacerse al sueco y desentendido, al indiferente o decir este no es mi problema porque yo no soy político, no me meto en política, es dejarles a los que conducen los destinos de la región, de las 11 provincias y miles distritos donde no hay agua ni desagüe, carta libre o boleto gratis para gobernar. Los ciudadanos también tenemos una cuota de responsabilidad en la historia de Huánuco. Ninguna autoridad se ha autoelegido el domingo 2 de octubre; han llegado al poder con el voto ciudadano.  

Si la política causa alegría, urticaria, sarpullido y náuseas, entonces, desde la posición laboral y personal, estemos alertas a la gestión de las electas autoridades. El voto elige autoridades, pero no es un cheque en blanco ni un salvoconducto para actuar sin límites como si la región y la ciudad fueran un feudo medieval o una hacienda antes de Velasco. Ahí tenemos a las autoridades que el pueblo, los ciudadanos, libremente ha elegido. Eso es incuestionable. La democracia es ganar una elección, perderla y colaborar con el vencedor o convertirse en una oposición constructiva y fraterna, que ajuste y ceda, que critique y contribuya, que sume y multiplique. Es la democracia. Se acabaron las elecciones y las rivalidades políticas. Empieza una nueva gestión.

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