LOS APRENDIZAJES DE LA FIESTA DEMOCRÁTICA

Por: Arlindo Luciano Guillermo

 

Quien sea elegido presidente de la república, la democracia se fortalece porque los ciudadanos asistieron a votar para tal o cual candidato. En todas las elecciones, los candidatos y la militancia se comen las uñas, se ponen tensos, la adrenalina aumenta exponencialmente, las posiciones políticas alientan las expectativas y las ofertas electorales van quedando atrás. El flash a boca de urna encrespa los nervios y posibilita las celebraciones anticipadas, Finalmente, quien da los resultados finales y oficiales, es la ONPE. Mientras eso ocurra, surge la reflexión de este evento democrático.
Las elecciones demuestran la vigencia de un régimen democrático y la plenitud de los derechos ciudadanos. Las instituciones pueden ser frágiles y vulnerables a la corrupción y la depredación, pero no impiden ni rezagan el derecho de elegir autoridades dentro del marco de la ley electoral. Precisamente, los ciudadanos deciden quiénes deben ser sus gobernantes. Cuando se sepa quién ha sido favorecido por la voluntad popular tendremos la mejor prueba de que la democracia funciona, abre posibilidades de participación política y así se consolida la cultura democrática que refleja tolerancia, legitimidad y el debate como medio de información de propuestas y planes, que los ciudadanos deben conocer antes de emitir un voto. El pueblo elige a quien quiera, a quien merece su simpatía, confianza y credibilidad.
Alberto Fujimori escapó a Japón y renunció a la presidencia de la república por fax. Valentín Paniagua lideró un gobierno transitorio, que restauró la democracia y sentó las bases políticas para que la civilización y el estado de derecho sean los ejes vectoriales de la nación. Desde 2001, hasta hoy, los peruanos hemos elegido a tres presidentes de la república (Toledo, García, Humala) sin interrupciones, fraudes ni anforazos. Los resultados oficiales permitirán conocer al siguiente presidente del Perú, que gobernará hasta el 28 de julio de 2021. Sea Keiko o Pedro Pablo el ganador, el Perú necesita concertación para gobernar, una reconciliación nacional porque aún existen “heridas abiertas”, responsabilidad política y ética en el Congreso de la República y postergar la polarización social e ideológica. La campaña ya terminó, las pullas acabaron, los agravios quedan atrás y la oferta electoral estará en la agenda del presidente y del congreso.
El autoritarismo, el falso liderazgo mesiánico, la acumulación de poder político, la indiferencia por el progreso de los pueblos y el desprecio por el “perdedor electoral” no construyen democracia ni generan posibilidades de concertación. Fuerza Popular tiene setentitrés congresistas electos, los suficientes como para tomar las riendas totales del Poder Legislativo. La política cambiará en las actitudes y en las “buenas prácticas” diarias de los políticos. El presidente electo tiene que desplegar esfuerzos denodados para atraer a las fuerzas políticas hacia un “proyecto país” que enfrente, con coraje, inteligencia y consenso, el agudo problema de la inseguridad ciudadana, la corrupción enquistada poderosamente como un tejido canceroso en metástasis, la calidad de educación, los servicios de salud en las comunidades alejadas de la metrópolis y la promoción, con estabilidad política y confianza jurídica, de inversiones económicas. Pasadas las elecciones terminan los ataques perversos entre candidatos. Las posiciones políticas se alinean para trabajar por el Perú. El compromiso del ciudadano peruano no acaba con la elección del gobernante, sino que continúa para vigilar el desempeño político, de gestión y conectividad con los partidos políticos y los ciudadanos. No se puede gobernar de espaldas al pueblo, sin rendirle cuentas, sin atender sus necesidades. La fiscalización objetiva y constructiva de la sociedad civil y de los medios de comunicación va a desempeñar un rol decisivo para vigilar el ejercicio del poder.
Los peruanos hemos elegido gobernante para los siguientes cinco años, hasta cuando la república cumpla doscientos años. En ese año habrá elecciones otra vez. Quizá ya no estemos en la encrucijada de elegir entre dos candidatos con propuestas polarizados, con campañas agresivas y brutales, donde no interesa el honor ni la dignidad de los contendores ni el respeto a los ciudadanos. En esa línea, los ciudadanos debemos estar atentos y sensibles a los pasos de los gobernantes y de sus decisiones. Con nuestro voto hemos dado una oportunidad al candidato para conducir los destinos de la nación, del Perú pluricultural y multilingüe, con contrastes geográficos, grandes posibilidades de progreso y bienestar y brechas sociales injustas.
La campaña electoral ya culminó, pero estuvo sazonada con insultos, ataques arteros, regresiones históricas, imprudencias en la estrategia política y frases célebres para la historia de la política peruana. “Tú no has cambiado, Pelona. ¡Eres la misma!”, le dijo Pedro Pablo a Keiko en pleno debate. Arrancó risas a los asistentes. La pedrada fue certera y la dejó alicaída en la lona. El debate técnico se vio enturbiado por los agravios y la victimización. En un país, que ha aguantado más de dos décadas de violencia terrorista y respuesta brutal del Estado, ya no se ve con simpatía la “guerra sucia”, el insulto, antes que las propuestas técnicas y los modales democráticos. Ahora viene la construcción de una agenda política para enfrentar y resolver los problemas del Perú.
La democracia, con todas sus limitaciones y defectos, es el régimen político que garantiza libertad de expresión, imperio de la ley, crítica fiscalizadora e igualdad de oportunidades. El diálogo horizontal tendrá que ser una estrategia de vital uso para iniciar y consolidar la gobernabilidad y el equilibrio de poderes. En una competencia electoral gana el país y los contendores se estrechan la mano y se comprometen en respetar las reglas de convivencia democrática, que exige vigilancia, aporte y apoyo para el gobernante y los congresistas.
La fiesta democrática provocará resaca al día siguiente. Nosotros nos alistaremos para ir a trabajar puntualmente. Que el electo presidente haga bien lo que tiene que hacer: gobernar para todos, con principal atención a los pueblos pobres, excluidos y deseosos de sobresalir. Keiko y Pedro Pablo descansarán luego de una agotadora campaña electoral. Todos deseamos, sinceramente, seguridad para nosotros y nuestra familia, garantía de libertad de expresión, descentralización y más presupuesto para las regiones, dar continuidad y fortalecer los programas sociales del Minedu y del Midis. Queremos vivir en paz, con merecidas oportunidades y trabajo para mejorar la calidad de vida. En el 2021 elegiremos al quinto presidente de la república ininterrumpidamente. Al bicentenario debemos llagar con una democracia consolidada, con agenda concertada y una política con ética, que vaya más allá del arte de gobernar, y se convierta en la habilidad para concertar, lograr puntos medios y buscar el interés público.

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