La vida a plazos de don Alan García

Augusto Álvarez Rochich
El informe del Ministerio Público que concluyó que el chuponeo que Alan García denunció como mecanismo de hostigamiento del Gobierno solo estuvo en la realidad virtual en la que parece vivir, es llover sobre mojado en su trayectoria declinante y cada vez más complicada.
Justo después del fracaso de su intento de fuga de la justicia mediante un asilo diplomático negado de manera oficial en Uruguay y por vías informales en varios otros países de la región, un hecho sin duda bochornoso en la vida de García pues la gente lo entendió como una cobardía, el expresidente denunció un chuponeo que le hacían desde una camioneta policial en la puerta de su casa.
La denuncia dio lugar a una investigación preliminar del Ministerio Público. Dos meses y medio después, un informe realizado por tres peritos de la Fiscalía concluyó que no hubo ningún chuponeo a Alan García.
Es decir, que, al igual que el intento de fuga por Uruguay, la denuncia del chuponeo solo era una treta más del líder aprista para victimizarse en el marco de su intento de evadir las acusaciones que se le vienen.
Parte de su plan ha estado en la arena política, desde donde trató de desestabilizar al Gobierno del presidente Martín Vizcarra. Primero, creando condiciones para forzar una disolución del Congreso que le permitiera a García justificar una fuga y esperar la prescripción, que es la fórmula que le resolvió la vida por las fechorías cometidas en su primer gobierno y que están bien documentadas en el libro de Pedro Cateriano.
Pero como ese intento del cierre del Congreso fracasó, junto con la efectividad de la coalición fujiaprista que se ha debilitado un poco –aunque no culminado– debido a que ahora sus dos líderes –García y Keiko Fujimori– creen que mejor se salvan de la justicia bailando cada uno son su propio pañuelo, el expresidente aprista ha pasado al ataque directo a Vizcarra con argumentos propios de Yeni Vilcatoma, quien podría denunciar hasta al gato de la cafetería del Congreso.
El fracaso táctico más importante de García ha sido, sin embargo, no poder parar el acuerdo de colaboración entre las autoridades peruanas del caso lava jato y Odebrecht para que sus funcionarios ofrezcan su testimonio sobre los sobornos pagados a políticos peruanos desde este lunes.
Eso tiene en ascuas a García, a quien debe preocupar mucho terminar en la cárcel, y no, precisamente, por sus ideas políticas –como sí ocurrió con su padre–, tal como él arguye ahora con argumentos propios de la realidad virtual en la que parece vivir.