La urgencia de reformar la educación en nuestras regiones

Educación, es una palabra omnipresente en el discurso público, pero que a menudo queda suspendida en la teoría más que en la acción. Nuestros centros educativos, pilares fundamentales de la sociedad, enfrentan un abandono crónico que clama por soluciones concretas y participativas. Los directores, padres y alumnos que conforman la comunidad educativa viven una realidad marcada por la indiferencia, una realidad que debe cambiar.

En las áreas más afectadas, los centros educativos unitarios ilustran la magnitud del desafío: aulas que no existen o que se desploman, prefabricadas y totalmente inadecuadas para nuestras condiciones regionales. La efímera vida útil de estas estructuras de dos o tres años es un símbolo de las soluciones temporales y superficiales que hasta ahora se han adoptado. La edificación duradera de escuelas, hecha de ladrillo y cemento, es una necesidad apremiante, donde los padres de familia también deben asumir un rol activo y colaborativo.

Sin embargo, el problema no reside únicamente en la infraestructura física, sino en la accesibilidad y calidad del personal docente. Aún hay centros con profesores no cualificados o sin formación superior completa, un déficit que perjudica principalmente a las zonas rurales. Estos educadores enfrentan un viaje arduo, a menudo sin carreteras, agua potable, electricidad, y sin señal de celular o internet, evidenciando la desconexión con la modernidad.

Este escenario desolador se extiende a las condiciones dentro de las aulas, aún construidas de adobe y privadas de las mínimas comodidades, lo que repercute negativamente en la percepción y la moral de los estudiantes. El conformismo y la espera de soluciones externas no pueden seguir siendo la norma.

Es vital que la comunidad educativa —padres y profesores—, en alianza con las autoridades distritales y provinciales, exijan y obtengan el compromiso de una visita y evaluación por parte de los dirigentes regionales. Más del 70% de los centros educativos carecen de servicios básicos como agua potable y saneamiento, una situación que no podemos seguir tolerando con indiferencia.

Instamos a que se movilicen hacia esos lugares remotos, donde los maestros hacen sacrificios personales enormes. Debe haber una conciencia colectiva de que la educación es un punto crítico y una responsabilidad compartida: autoridades, padres, vecinos y alumnos deben unirse para transformar esta realidad.