La crisis de valores y de educación

En tiempos de turbulencia política y social, y con los recientes escándalos en el Ministerio Público, nuestra región enfrenta una crisis profunda que trasciende lo institucional y se arraiga en la pérdida de valores fundamentales. Esta situación se refleja de manera alarmante en el ámbito educativo, un sector que debería ser bastión de principios y ética.

Los profesores, quienes deberían ser modelos a seguir para sus alumnos y la comunidad, se ven arrastrados en ocasiones a comportamientos que replican la agresividad y el desorden presentes en niveles más altos del gobierno. Esta transgresión de la conducta aceptable no solo socava la autoridad del educador, sino que también envía un mensaje perjudicial a los estudiantes: que la violencia, el odio y el rencor son respuestas válidas ante el conflicto.

El Director Regional de Educación, Mario Cabrera Gutiérrez, ha expresado la necesidad de un proceso administrativo riguroso y, de ser necesario, la destitución de aquellos educadores que se comporten de manera reprobable. Este es un paso esencial para restablecer el orden y la moralidad dentro de nuestras instituciones educativas. No podemos permitir que el ámbito escolar, un lugar de aprendizaje y crecimiento, se convierta en un espejo de la decadencia moral y ética que aflige a nuestras instituciones estatales.

Es crucial que los docentes encarnen los valores de respeto, integridad y amor por el prójimo. Los conflictos personales o profesionales no deben resolverse con enfrentamientos, especialmente no frente a los estudiantes, quienes absorben cada acción y palabra de sus maestros. Estos incidentes no solo son reprobables sino que también tienen un efecto dominó, inspirando comportamientos similares entre los estudiantes y deteriorando la calidad del ambiente educativo.

Por ello, instamos al Director Regional de Educación a actuar con firmeza y justicia. No debe haber vacilación ni favoritismos en el tratamiento de estos casos. La comunidad educativa de Huánuco merece y necesita docentes que sean ejemplos de civismo y conducta ética. Solo así podremos esperar que nuestros jóvenes crezcan en un ambiente que fomente el respeto mutuo, la tolerancia y la comprensión, valores fundamentales para la construcción de una sociedad más justa y armoniosa.