La Corrupción en la Gestión Pública: Un Llanto por Huánuco

El flagelo de la corrupción una vez más ensombrece el panorama de la administración pública en Huánuco, esta vez bajo la lupa de la Contraloría General y su reciente hallazgo de pagos indebidos durante el mandato del exgobernador Rubén Alba Ochoa. Este descubrimiento no solo avergüenza sino que exaspera, ya que cada sol malgastado es un robo a la promesa de un futuro mejor para nuestra región.

El procurador Carlos Nolorbe pone al descubierto una red de favores indebidos que suman hasta 600,000 soles, una suma que, aunque para algunos pueda parecer modesta, representa la traición a la confianza pública y un robo directo a las posibilidades de progreso de Huánuco. Esos puentes pequeños y esos accesos insuficientes son el legado tangible de una administración que optó por la corrupción sobre la construcción.

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La indignación no puede ser más palpable cuando se piensa en lo que esos 600,000 soles podrían haber significado para Huánuco: escuelas equipadas, carreteras seguras, hospitales con recursos. En lugar de ello, nos enfrentamos al desolador panorama de una gestión que escogió el beneficio personal sobre el bienestar colectivo.

Es un deber ineludible de las autoridades competentes actuar con celeridad y firmeza. Los beneficiarios de estos pagos indebidos, que se han atrevido a robarle el futuro a nuestros niños y a nuestra tierra, deben no solo devolver cada céntimo, sino también enfrentarse a las consecuencias de sus actos en el marco de la ley. Este es un llamado no solo a la justicia, sino también a la moral y la ética que deben prevalecer en la gestión pública.

Rubén Alba Ochoa, y aquellos que se beneficiaron de su generosidad corrupta, deben entender que el dinero del estado no es un cheque en blanco para enriquecer a amigos y aliados. Es, y siempre debe ser, un recurso sagrado destinado al desarrollo y la mejora de las condiciones de vida de todos los ciudadanos de Huánuco.

Nuestra región clama por líderes que honren su mandato con integridad y que se dediquen a construir, no a destruir; a servir, no a servirse. La corrupción no tiene cabida en nuestro futuro, y es responsabilidad de todos, desde el ciudadano hasta el más alto funcionario, combatirla con todas nuestras fuerzas.