INTOLERANCIA A LA FRUSTRACIÓN

Por Arlindo Luciano Guillermo

Con cabeza fría se piensa mejor. La lección se aprende con autocritica y arrepentimiento sincero. El caso Gallese es poliédrico; gobernar la frustración, una virtud competitiva. El niño ingresa, con la camiseta argentina, extiende los brazos, sonríen amigablemente, Messi lo recibe, se abrazan; es un acto digno de admiración y sencillez. La ilusión de un niño es más grande que la rúbrica en las leyes escritas por adultos. No pueden golpearlo, humillarlo ni reducirlo a la fuerza para expulsarlo del campo. Que asuma responsabilidades quien no tomó medidas estrictas de seguridad. Ese niño ingresó porque hay un lugar por donde hacerlo. En ese contexto, Messi y Gallese son antípodas; a veces genio y talento no concilian.         

Perú perdió con Argentina (17-10-23). Molesta, indigna, pero al día siguiente la vida sigue su curso normal, vamos al trabajo y la rutina voraz regresa. La resaca y la amargura de la derrota pasan como la fiebre. Es importante manejar situaciones emocionalmente críticas y la tolerancia a la frustración. No todo es ganar, a veces se pierde; la derrota se asume con dignidad y reconoce al vencedor. “No se acaba el mundo cuando un amor se va. No se acaba el mundo y no se derrumbará”. El parafraseo diría: “No se acaba el mundial para Perú cuando pierde con Argentina, Chile y Brasil. No se acaba el mundial, hay partidos por jugar”. Si Reynoso se va o se queda, el tiempo lo dirá. Los partidos duran 90 minutos. Los goles de Messi son genialidades y letales; Pedro Gallese no es una fortaleza inexpugnable, también se le puede meter goles. Perú asistió al mundial en 1930, 1970, 1978, 1982 y 2018.

Un hábil y sagaz hincha, admirador de Messi, su ídolo, su máximo personaje futbolístico, como para un lector la poesía Vallejo, Neruda o Paz, ingresó al gramado para tomarse una foto con Messi. ¿Qué delito cometió? ¿Acaso quería tomarse una foto con Gallese, ya convertido en un energúmeno? El personal de seguridad lo detuvo. Gallese le arrebató el celular y lo arrojó con furia. ¿Por qué actuó así? El fanático de Messi no tiene la culpa que este haya concretado dos goles. Sin duda, es la personalidad y el carácter beligerante, impulsivo y de escaso control emocional; una total incompetencia para enfrentar situaciones de adversidad extremas. Nada justifica la violencia ni el maltrato. Esa misma escena se ve en el parlamento cuando un congresista propina un puñete a otro y escapa como un cobarde. La misma acción se observa en la familia, relaciones conyugales que acaban en feminicidio, en el colegio, en el trabajo diario. La actitud de Gallese se entiende humanamente, pero en un capitán de fútbol, que representa a una nación, es reprochable. ¿Pedirá disculpas al agraviado? ¿Resarcirá el daño material y psicológico? ¿Cómo recordará el resto de sus días a Gallese? No basta el talento y el desempeño profesionales, son necesarias también ética y gestión emocional.  

Salud mental, gestión de inteligencia emocional y práctica concreta de tolerancia están ausentes en la calle, la escuela, la familia, el estadio, las instituciones. Somos un país con serios problemas de salud mental. El maltrato no se justifica; es un delito flagrante. Los hinchas no deben ingresar a la cancha. En el fútbol se debe desterrar el racismo, la violencia de las barras, los disturbios. Nadie tiene la prerrogativa de insultar, difamar, golpear ni asesinar por ser diferente o pensar distinto. En el espectro político caben todas las ideologías. En el Perú hay una carencia de tolerancia. Tolerar no es aguantar. La actitud violenta de Gallese es condenable. Afloró la total incapacidad de tolerar la frustración. En el camino se encontró con una hincha que solo quería una foto con su ídolo. La hinchada está fastidiada, quiere la cabeza de Reinoso; implora la presencia de Gareca como si fuera un mesías.   

En el fútbol, como en los sentimientos amorosos, hay que saber perder. De cuatro partidos, Perú solo tiene un punto; Reinoso seguirá ensayando estrategias, posiciones y sintaxis para enfrentar a Bolivia y Venezuela. Cuando alguien hace algo corre el riesgo de pasar de héroe a villano y viceversa. Si los siguientes partidos, Perú gana y acumula seis puntos, seguro que abundan los elogios y “borrón y cuenta nueva”. Entonces Reinoso, Gallese y compañía recuperan su condición de héroes populares y mediáticos; queda en el olvido el “descontrol emocional”. El desempeño profesional del futbolista, dentro y fuera de la cancha, tiene que exhibir madurez, coherencia, actitudes empáticas y la gestión adecuada de la inteligencia emocional. La “mano de dios” fue una farsa, un gol ilícito, pero, como el árbitro no disponía del VAR, se validó y perjudicó a Inglaterra. Fuimos a Rusia con Gareca después de 36 años. No asistimos al mundial de Qatar; el pan se quemó en la puerta del horno. Estamos con un punto de cuatro partidos. No quiere decir que Perú no clasifique directamente ni llegue al repechaje. En el fútbol, la única manera de ganar es metiendo goles; no importa cómo ni de quién. El mundial 2026, en Estados Unidos, Méjico y Canadá, no es una utopía. Las eliminatorias recién han empezado. Si Reinoso se mantiene terco, lo más probable es que dé un paso al costado; si hace autocrítica, deja de endosar culpabilidad a los jugadores, el diseño de la estrategia cambia, se corrigen errores, se juega con otra mentalidad y “hambre de gol” continuará. La tolerancia a la frustración es un factor determinante en gente que sabe cuáles son las metas. El fútbol es deporte de masas, pasiones y fanatismos. El fútbol es deporte de revanchas y ajena a una lógica cerebral.   

«Hay comentaristas que critican mucho y nunca han jugado al fútbol, nunca han pisado una bola ni conocen qué es la pelota”, dijo Paolo Guerrero. ¿Solo el que ha jugado fútbol tiene derecho a opinar? Estamos expuestos a la crítica. Opinamos sin pedir permiso a Guerrero; sí a las convicciones y la conciencia. De fútbol se opina por ciencia y experiencia. Hay tanta gente que nunca ha pateado pelota, pero sabe, con criterio, de fútbol. La tolerancia es lección sugerida por Epicteto y Séneca. La autocrítica y la competencia para la enmienda revelan decencia. Esperamos resultados halagüeños con Bolivia y Venezuela. Noventa minutos, 22 jugadores, dos estrategas, hinchas en el estadio o frente al televisor. «Le faltó el respeto a nuestros colores», se defiende Gallese. No hay justificación para ejercer la violencia, el maltrato ni la agresión; se tienen que erradicar los prejuicios socioculturales en la familia, el trabajo, los medios de comunicación, las redes sociales y en las relaciones interpersonales. A pesar de todo, Gallese sigue siendo el arquero de garantía de la selección peruana, un exitoso deportista, admirable jugador y candidato al premio “el arquero de 2023” en la Major League Soccer de los Estados Unidos. Un error o desliz no es una tumba ni se convierte en un hábito pernicioso; es una lección aprendida en la vida. Si se repite reiteradamente es otro cantar.