ELOY JÁUREGUI

Arlindo Luciano Guillermo

Oficio: cronista; barrios: Surquillo y residencial San Felipe; política: izquierdista; estilo de vida: bohemio y conversador compulsivo; universidad de procedencia: bar Queirolo; quehacer: periodismo, ensayo, poesía, docencia; hobby: pisarle los callos al poder político; capital ético: integridad; utopía: el periódico de ayer siempre sea de hoy; militancia: la verdad; alergia: breaking news; responsabilidad: escribir y opinar con conocimiento de causa; fuente: la calle, cultura popular, investigación, personajes cotidianos; pecado: decir lo que siente y piensa; fortuna: amigos.       

“No sabes escribir”, me dijo en las clases virtuales. Quedé sin habla. Aclaró -con ajos y cebollas- de inmediato: “Eres poeta, no periodista, menos cronista”. Respiré, recuperé la serenidad. Eloy Jáuregui advirtió que, en los ejercicios de redacción, no había integrado adecuadamente el lenguaje literario a la crónica periodística, que él sí sabía hacerlo con maestría. “No te olvides: la primera frase es la clave para capturar el interés del lector; si no logras eso, tú texto no sirve para nada”, sentenciaba. Entre el 2 y 25 de marzo de 2022 llevé el curso virtual Crónicas contra el Olvido, que incluyó la lectura del libro Una pasión crónica (2018). Mi aprendizaje fue trascendental. Escribí dos crónicas: Lecciones de un sabio. De la experiencia a la sabiduría y Samuel Cárdich. Un obrero de la literatura. No fui amigo personal de Eloy Jáuregui, no tomé café ni bebí cerveza con él, como sí lo hicieron Andrés Fernández Encalada y José Reyes Viviano, amigos de bohemia y hazañas dionisiacas; lo conocí en el curso virtual y la lectura de su columna periodística Animal Urbano en La República. Lo último que escribió es Volver a la normalidad (3-10-2023, el título es parafraseo de una aseveración de Martín Adán [“El Perú volvió a la normalidad”], 429 palabras, 55 años del golpe de Estado de Velasco Alvarado). Eloy tenía apenas 15 años y nueve meses; un adolescente defendía la democracia. Dice: “la historia del Perú había cambiado para siempre”.       

Hora Zero, en la década del 70, fue un movimiento literario, democrático y descentralista, con una propuesta poética de ruptura, irreverencia, parricida (César Vallejo se salvó y lo mantuvieron como ícono), que propuso una poesía integral, de la calle, urbana, del ciudadano que transpira y vive en la cotidianidad, con recitales poco convencionales (bar, cochera, patio a la intemperie), con un discurso poético narrativo (había proscrito el verso grandilocuente de Chocano y los cortos, oníricos, con métrica de Eguren), una poesía sincera, sin retorcimientos lingüísticos ni presunciones académicas; una poesía frontal, sin pelos en la lengua, directa al lector. Hora Zero ya no era la voz del poeta, sino la “voz del otro”. Eloy Jauregui le dice a Marco Aurelio Denegri “por qué el cebiche no podría ser poético”. Son poetas emblemáticos de esta generación Jorge Pimental, Juan Ramírez Ruiz, Enrique Verástegui y Tulio Mora; “ni poesía social ni poesía pura”. 1970 eran los años de dictadura militar de Velasco y Morales Bermúdez. En la ciudad de Huancayo se conformó una filial de Hora Zero; su animador fue Sergio Castillo, a quien conocí y compartí tertulia y bohemia. ¿Qué lugar ocupa Eloy Jáuregui en Hora Zero? No fue fundador primigenio. Creo, a pesar de los poemarios publicados posteriormente, cumplió un importante papel de difusor de las propuestas literarias de Hora Zero, contertulio en heroicas bohemias y francachelas. En la nómina de libros de poesía importantes de Hora Zero aparecen Tromba de agosto, Kenacort y Valium 10 (Jorge Pimental), En los extramuros del mundo (Enrique Verástegui), Un par de vueltas por la realidad (Juan Ramírez Ruiz) y Cementerio general (Tulio Mora). Alberto Escobar no lo incluye en Antología de la poesía peruana ni José Miguel Oviedo en Estos 13 porque, en 1973, no había publicado poemarios, sino poemas sueltos en revistas, periódicos y antologías; tenía 20 años. La poesía de Jáuregui tiene el formato de Hora Zero. En 2015 presentó en la FIL Crema carnal, que reúne poemarios anteriores: Fotografías (1980), Maestranza (1993) y Profundo vello o Guitarra con cuerda rota (2012), con prólogo de Tulio Mora. Cito un fragmento del poema “Grafía del límite”, in memoriam de Alberto Flores Galindo, de Profundo vello: “Bájense prestas de este sueño de país / las sábanas de sangre tiren su tinta / el muslo de selvas, su quejido de ovarios / esa lengua de crestas en los folios sagrado / no existe muerto más bello que el esperma / la cruz y la daga cogotean el fustán del sol / mi tierra uñando la estirpe de ojo tuerto. / Ámese el odre preñado y su alarido / la vergüenza del arcabuz aputado / yo soy la historia, usted la vida”.

Eloy, terco cronista, quería ver con sus propios ojos el padecimiento, muertes diarias, carencias de los servicios médicos, batallas épicas en los hospitales, sala de emergencia y UCI; era vulnerable, tenía 66 años, periodísticamente operativo. El Covid-19 lo atacó con furia, pero salió victorioso, aunque con secuela; hubiera muero en su ley: escribiendo crónicas. El periodismo de Eloy Jáuregui tiene grandes lecciones para los lectores y periodistas de hoy y los que vendrán: periodismo es vocación apasionada que se ejerce con responsabilidad, honestidad e integridad, el cronista escribe con veracidad, utiliza técnicas de la literatura, la poesía, el teatro, el cine y el storytelling y lectura, investigación, libertad de pensamiento en las crónicas y columnas periodísticas, más allá de la noticia cotidiana. Dice Ángel Páez: “La prosa periodística de Eloy Jáuregui Coronado es como el mejor chilcano surquillano: después de una primera probada, siempre pides más. De esto se dio cuenta hace unas dos décadas y comenzó a publicar como un poseso colecciones de reportajes, crónicas, perfiles, entrevistas y piezas periodísticas de cuanto género se le apetecía (…) Usted es la culpable: Crónicas periodísticas (2004) fue un verdadero acontecimiento”. Jáuregui: “Escribir es seducir, pero escribir es también corregir. Un periodista le agarra gusto a su texto cuando le agarra gusto a la corrección; no hay texto terminado para el cronista”. Este magisterio periodístico se evidencia en El más vil de los ofidios (2005), Tu mala canallada (2014), La caza propia. Crónicas (2017), Una pasión crónica (2018). Escribió ensayos sobre la salsa (Pa’ bravo yo. Historias de la salsa en el Perú), la música criolla (El pirata. Historias de la música criolla) y el bolero (Sabor a mí. Historias del bolero en el Perú).  

La permanencia de EJ, en la memoria histórica, va más allá de la poesía de Hora Zero, militancia izquierdista, bohemia empedernida y docencia universidad; se afinca, con justicia, en el periodismo escrito y la crónica (léase Una pasión crónica. Tratado de periodismo literario) y el ensayo con investigación académica, pesquisa periodística y experiencia personal. Vargas Llosa se retiró del periodismo cultural y escrito, a Eloy Jáuregui se le ocurre morir el domingo 7 de enero de 2024; solo queda César Hildebrandt, con 76 años a cuestas, y su columna editorial “Matices”.