El desorden vial es un reflejo de la falta de educación

Vivimos tiempos de cambio y, lamentablemente, la educación ha cambiado también, pero no para mejor. Los valores cívicos, el respeto a los mayores, la solidaridad, el amor al prójimo, a los padres, hermanos, vecinos, y amigos, parecen haber sido olvidados en nuestras instituciones educativas. 

La educación ha sido desatendida por los últimos diez gobiernos, quienes se han centrado más en sacar provecho económico del sistema, colocando a sus allegados en posiciones estratégicas para beneficiarse a expensas del estado.

Esta falta de educación y valores se refleja en nuestras calles, donde el tráfico se ha convertido en un caos absoluto. Nadie parece respetar las señales de tránsito. Los semáforos, aunque detienen a algunos vehículos, son ignorados por otros, especialmente los trimóviles. No hay suficiente presencia policial ni suficientes sanciones para controlar este problema.

Las calles estrechas de Huánuco se han convertido en un mar de trimóviles, colectivos y combis. Esta situación es particularmente grave cerca del mercado central y en las principales arterias de la ciudad. Se estima que hay más de 70,000 vehículos en Huánuco, y, aunque sirven a la comunidad facilitando el transporte, su falta de respeto hacia las normas de tránsito y hacia los pasajeros es preocupante.  

El peatón es el último en ser considerado en nuestras calles. Ni los trimóviles, ni las combis, que esperan en las esquinas hasta llenarse de pasajeros, parecen respetar al peatón.

El alcalde provincial, el señor Jara, tiene ante sí un gran desafío para solucionar este problema. Pero la solución no recae únicamente en él, sino también en sus gerentes, en particular el gerente de transportes, el señor Loarte, que hasta la fecha ha sido parte de las últimas cuatro gestiones provinciales y justamente en esa misma gerencia, y cuyos resultados han sido bastante estériles. 

Es necesario plantear reformas y buscar soluciones para mejorar la movilidad en las calles de Huánuco.

La solución no se trata solo de imponer sanciones. Es importante trabajar en la educación de los conductores y en la concienciación de la comunidad. Se requiere sensibilizar a todos los actores que participan en este problema. Un gran ejemplo de ello fue lo sucedido en Bogotá, Colombia, donde el alcalde Antanas Mockus, inició este cambio trascendental y que terminó por impactar a todo el país. La pólvora ya está inventada, nuestros funcionarios no tienen que inventar nada, pero sí deberían de investigar soluciones aplicadas y exitosas en otras partes de nuestro continente y el mundo.

Con respecto a las multas, estas deberían de ser consideradas como último recurso, y, en el caso más extremo, retener las licencias de conducir.

Incluso se podría buscar y solicitar ayuda de algunas instituciones que dominan estos temas.

Es hora de cambiar para el bienestar de nuestra ciudad. El trabajo es de todos, no solo del alcalde o del gerente, sino también de la comunidad en su conjunto. Sin embargo, quienes lideran esta labor de cambio, es la municipalidad y sus funcionarios.