Del respeto a la explotación

Breve reseña de la relación “hombre-naturaleza” en el tiempo

 

*Por: Indhira Vidal Ramos.

 

En el marco del Día Internacional de la Tierra; de la crisis ambiental que actualmente enfrenta el mundo y particularmente el Perú; sumado a ello, la emergencia sanitaria generada por la pandemia COVID-19 que obliga a paralizar nuestras actividades para salvaguardar la vida, son las razones que nos motivan a reflexionar sobre la relación hombre-naturaleza en el tiempo.

Lo cierto es que la relación hombre-naturaleza ha ido cambiando con la evolución y desarrollo del hombre; inicialmente existía una relación recíproca[1], armónica y de respeto; los primeros seres humanos dependían de la naturaleza y de su dinámica cambiante y desconocida para sobrevivir, en ese periodo la naturaleza fue valorada como sagrado/espiritual, concepción que perduro en las culturas antiguas como se evidencia en sus expresiones culturales y religión politeísta, e incluso hasta en nuestros días, en las creencias que aún se conservan en comunidades del Perú.

Posteriormente, cuando el hombre se vuelve sedentario empieza a domesticar el ambiente mediante la agricultura y ganadería para su adaptación y sobrevivencia. En esta etapa, el hombre empezó a mejorar sus herramientas, moradas y medios para transportar recursos vitales como el agua; “comenzó el intercambio con otras poblaciones y con esto se originó el comercio y la formación de nuevas civilizaciones”.

Desde el establecimiento de las grandes civilizaciones principalmente en Europa y Oriente Medio a partir del año 4.000 a.C., bajo una nueva organización política, social y económica, se demanda un mayor aprovechamiento de los recursos naturales; proceso de desarrollo continuo que se acentúo hasta el siglo XVIII, con la Revolución Industrial. En este tercer momento, la naturaleza es considerada como “un objeto de transformación, de materia prima, que incursiona en las leyes

del mercado, radicalizando la relación en la industrialización y el crecimiento económico”. Predomina asimismo, una relación de “apropiación de la naturaleza por parte de la especie humana” para su explotación con fines económicos.

En los siglos XIX y XX, específicamente entre los años de 1880 a 1930, se habla de Segunda Revolución Industrial que opera bajo los mismos cánones que la primera, a la que se va integrar un interés financiero y mercantil para dar origen a grandes entes comerciales trasnacionales. En correspondencia, la naturaleza mantiene su condición de materia prima y se le impuso “la explotación a gran escala para satisfacer las necesidades de una sociedad que cada vez demandaba mayores bienes e insumos”. A finales de este periodo, acontecen la I y II Guerra Mundial, en esta última se enfrentan los proyectos de sociedad capitalista y socialista por imponer un nuevo orden mundial.

A partir de la segunda mitad del Siglo XX al presente, los cambios han estado marcado por el crecimiento de la población, el avance tecnológico, la globalización y el internet; que ha permitido a los “países desarrollados consolidarse y expandirse sobre la base de la integración de algunos países estratégicos del Tercer Mundo para bajar los precios de producción y aumentar sus mercados”.

Cabe resaltar que los países del denominado tercer mundo, son países ricos en recursos naturales, en cuyos territorios las principales potencias sostienen sus economías a partir de inversiones que realizan para proveerse de materias primas, necesarias para el desarrollo de tecnologías y otros bienes.

Jeremy Rifkin, economista y activista estadounidense, desde un enfoque sostenible plantea la “Tercera Revolución Industrial o Revolución de la Inteligencia” para referirse a la transformación digital y a la transición energética verde como nuevos motores del desarrollo económico, sostiene además que se requiere construir y ampliar infraestructura inteligente e integrada digitalmente.

Si bien esta propuesta mejoraría la relación hombre-naturaleza, al reducirse probablemente el uso de combustibles fósiles, lo cierto es que continuará la explotación de recursos naturales, se transitaría del petróleo y gas, al litio u otros minerales esenciales para la construcción de la nueva infraestructura inteligente.

Recientemente, en el 2019, China y EEUU iniciaron una guerra comercial y tecnológica, ambos países compiten por el liderazgo mundial de la inteligencia

artificial (aprendizaje automático) y las telecomunicaciones (tecnología de quinta generación). Emily Taylor, especialista en ciberseguridad en entrevista con la BBC, señaló que la nueva generación de telecomunicaciones móviles 5G será la infraestructura que potencie la internet de las cosas, la cual se necesita para hacer ciudades inteligentes.

A modo de conclusiones, acuñamos que “sólo se respeta, lo que se valora”, consideramos que en el tránsito de esta correlación “hombre-naturaleza” en el tiempo, la naturaleza ha sido desvalorada con las grandes transformaciones económicas, perdió esa categoría de sagrada o divina que alguna vez el hombre el otorgo cuando se sentía parte de ella, para pasar a ser un objeto o elemento explotable hasta nuestros días.

Un aspecto que nos preocupa y traemos a colación, son los impactos socioambientales que se vienen generando por las actividades industriales, forestales, extractivas y tecnologías que aparte de desvalorar los recursos naturales, ponen riesgo los ecosistemas y la vida misma del ser humano, creemos que la anhelada transformación digital pone a la naturaleza y su relación con el hombre en un escenario incierto.

Finalmente, mencionar que la crisis sanitaria degenerada por el COVID-19, es una pausa que se impuso para reflexionar como sociedad civil sobre la crisis ambiental e incidir en las decisiones políticas del nivel nacional, regional y local, con el propósito de implementar instrumentos y mecanismos que permitan una efectiva protección ambiental para salvaguardar la vida de los seres humanos en el territorio peruano y el planeta.

 

*Comunicadora Social.

Especialista en Conflictos Socioambientales y Gestión Social de Proyectos de Inversión.