¿CUÁL DEBE SER EL PERFIL DE UN MAESTRO?

Escribe: Ronald Mondragón Linares

El punto de vista acerca de los aspectos esenciales que debe guiar la práctica cotidiana de los maestros y que contiene este artículo se respalda, básicamente, en la propia experiencia personal. Por ello tiene mucho de testimonial, más allá de las reflexiones “teóricas” que abundan sobre el tema.

Y es aquí, precisamente, donde se encuentra una de las grandes dificultades que se interponen para abordar el problema: la ingente producción (“producción” sobre todo en el sentido mercantil del término, no en su acepción de riqueza creativa) de material escrito sobre la práctica pedagógica, tan lleno de lugares comunes y jerga tecnócrata, de árida teoría y en ocasiones hasta panfletaria.

Para alejarme de toda esta monserga y charlatanería que no se sitúa en contextos reales y concretos del campo educativo, he preferido trazar, con propósitos de sistematizar mi propia labor docente, algunas líneas de acción pedagógica que sirvan como referencia o conceptos sugestivos para la práctica viva y diaria de los maestros:

  1. Solvencia académica: Este atributo se refiere al dominio teórico de conceptos relacionados a la especialidad específica de los docentes; por ejemplo, historia y geografía, biología y química, lengua y literatura, educación inicial, etc. Por dominio teórico hay que entender no un conocimiento erudito ni mucho menos, sino un conocimiento en extensión y profundidad acorde a las necesidades de los educandos. Es decir, la solvencia académica debe medirse en función del estudiante y sin apartarla o separarla del fin esencialmente pedagógico al cual está supeditada. No obstante, esta idea no debe entenderse en un sentido conformista del corpus académico del maestro, ya que este tiene la obligación, como tal, de enriquecer permanente y sistemáticamente sus conocimientos. Jamás el profesor debe caer en el estancamiento intelectual-en realidad, él mismo es un intelectual, “trabajador intelectual” le llamaba González Prada-, lo cual se logra no solo con capacitaciones digitadas desde la tecnocracia estatal, sino con el autoestudio y la curiosidad del saber, que, en un nivel más elevado, lo llevarán a la investigación.
  2. Saber y práctica metodológica: Es probable que este aspecto constituya la línea medular y decisiva de la práctica pedagógica. Un cúmulo de conocimientos, aun sobre temas específicos, un dominio realmente competente de conceptos, ideas y teorías sobre un área determinada del saber, no garantizan en modo alguno una cabal definición y realización del binomio dialéctico enseñanza-aprendizaje. Lo realmente importante en la labor que ejerce el maestro es el resultado de la transmisión de conocimientos, que es posible si y solo si se emplea el método adecuado y adaptado al contexto, al medio, a la sección específica y a la situación pedagógica concreta. Pero, para aplicar el método más adecuado, es necesario contar con un abanico o una variedad de metodologías-diálogo espontáneo o inducción predeterminada, lectura y comprensión oral o mental, lluvia de ideas, debate o exposiciones, etc-, sin rechazar o negar a priori ninguna de ellas (lo que la verborrea académica de divulgación oficial llama “flexibilidad”).

No hay que olvidar, bajo ninguna circunstancia, que el éxito de los métodos empleados en el aula están estrechamente unidos a la pertinencia de los instrumentos y materiales de que disponga el docente. Un método no puede prescindir del instrumento, puesto que este lo asienta y lo respalda. Por ejemplo, si se quiere aplicar un método cooperativo- interactivo entre los alumnos, la ficha de trabajo debe reunir los requerimientos didácticos para tal fin.

  1. Liderazgo en el ejercicio de la disciplina: Quizás algunas palabras como “liderazgo” y “disciplina” han sufrido cierta distorsión en su debido entendimiento, sobre todo entre los padres de familia y los propios docentes y estudiantes.

Liderazgo no significa realizar actividades solo del gusto de los adolescentes o acordes con la opinión de sus padres; tampoco banalizarlo con frívolas gestualidades o actitudes efectistas y solo para llamar la atención. Liderazgo es lograr que el adolescente y su entorno familiar asuman, conscientemente, como propias las convicciones e intencionalidades del líder; significa dirigir con convencimientos mutuos, con empatía y conciencia colectiva. En educación, la dirección de un líder es el logro de acciones conjuntas de la comunidad educativa, del trinomio docente-estudiante-padre de familia, como aspecto indispensable en el camino del desarrollo social.

Por otro lado, “disciplina” es un concepto que no se puede desligar de la libertad, a contracorriente de lo que comúnmente se entiende.  Disciplina es aprender a trabajar en el aula y fuera de ella, aprender a efectuar una determinada labor en el momento preciso, a comprender los deberes propios en relación a los derechos de los demás. En otras palabras, disciplina exige actuar conscientemente-es decir, exige autoreflexión- y con responsabilidad respecto a las consecuencias que se deriven de nuestras acciones. No significa disciplina, de ninguna manera, el mero cumplimiento de códigos normativos y sanciones, lo cual, en el largo plazo, tiene alcances muy limitados. El profesor que realmente asuma un rol de liderazgo logrará entre sus estudiantes, y entre estos y la comunidad, una convivencia sana y democrática.

  1. Vinculación afectiva: Difícilmente, un maestro que haya cumplido con los ítems anteriores no haya logrado, a su vez, establecer ciertos puntos de contacto afectivo con los educandos. La labor del maestro en las escuelas, análoga a la de los padres y preceptores en las familias, tiene o más bien debe tener esenciales lazos de afecto y comunión espiritual con los estudiantes, en una relación recíproca y prolija de sentimientos positivos y valores, como la gratitud, el cariño, la sinceridad, la honestidad y la entrega en el crecer y avanzar juntos.

Creo que este punto es uno de los más difíciles de lograr, aunque es decisivo para lograr la interrelación, el amalgamiento y la solidez de la relación enseñanza-aprendizaje. Uno de los conceptos- y consecuente práctica -casi olvidado en los colegios es la amabilidad(que proviene del verbo “amar”), la cual, al convertirse en vehículo de las relaciones de convivencia humana, pasa a convertirse en afecto permanente como una llama viva, estimulante e iluminadora, y luego, en la fragua de las relaciones sociales, cuando los estudiantes sean factores activos de su comunidad, se transforme finalmente el afecto en la práctica habitual de la solidaridad, la empatía y la justicia con vistas a construir un mundo mejor.